Reinventar la izquierda en el siglo XXI: un diálogo Norte-Sur

Una sugerente ambigüedad habita el título de este libro, en el que el verbo “reinventar” parece tener al mismo tiempo dos valores diferentes.

Uno descriptivo: el de nombrar lo que un conjunto de experiencias políticas recientes ha hecho o viene haciendo (sobre todo aquí, en la América Latina posterior al estallido del orden “neoliberal” que, con diversas variantes y matices, había dominado toda la región durante el último cuarto del siglo pasado) con las tradiciones políticas que solemos nombrar con la palabra “izquierda”.

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Y otro prescriptivo: el de indicar lo que sería conveniente o necesario hacer con esas tradiciones, o a partir de esas tradiciones, para ponerlas a la altura (aquí y por todos lados, aunque en primer lugar, claro, en la vieja Europa donde la propia idea de “izquierda” inició hace algo más de dos siglos su jornada) de los desafíos de los nuevos tiempos. Que son tiempos de redefinición de la lógica de funcionamiento de la economía, desde ya, pero también, de la mano de esa redefinición (aunque había que cuidarse de convertir ese “de la mano” en la coartada o el pretexto de ningún causalismo apresurado), de trastrocamiento de las coordenadas de la vida social y cultural en su conjunto, de las formas de pensarse los problemas de la identidad individual y colectiva, los lazos de solidaridad y las miradas sobre el futuro.

Eso: el futuro, estuvo siempre en el corazón de los pensamientos que solíamos llamar “de izquierda”. Que no eran pensamientos de la gestión del mundo, del presente, sino pensamientos que buscaban en ese presente siempre injusto pero siempre –en virtud de esa misma injusticia que hacía necesaria su crítica y su amonestación– preñado de esperanza, las grietas por donde la promesa de una redención final de la humanidad pudiera hacerse audible y organizar las acciones de los hombres en el tiempo.

Lea y descargue aquí el libro:

ReinventarLaIzquierda

Diccionario de Economía Política – Borísov, Zhamin y Makárova – Biblioteca Digital EUMED

El Diccionario de Economía Política editado por Borísov, Zhamin y Makárova fue publicado en la Unión Soviética y traducido al español en 1965 por Augusto Vidal Roget. Su fuente es la Biblioteca Digital EUMED.

http://www.eumed.net/cursecon/dic/bzm/index.htm

Su dedicatoria dice:

El presente Diccionario de economía política va destinado a quienes estudian esta disciplina en los cursos de educación política. También será de utilidad para los alumnos de economía política en los centros de enseñanza superior y en las escuelas técnicas.

El Diccionario no incluye toda la terminología de la economía política sin excepción. Se explican en él de manera concisa, lacónica, los conceptos, términos, leyes y categorías económicas fundamentales con que el lector se encuentra frecuentemente al estudiar la teoría marxista-leninista. Asimismo figuran en el Diccionario varios artículos críticos acerca de algunos economistas burgueses y pequeño-burgueses y sus teorías.

 Hemos añadido también algunos enlaces complementarios a otras partes de la Enciclopedia EMVI.


A Acción, Acumulación del capital, Acumulación originaria del capital, Acumulación socialista, Amortización, Anarquía de la producción, Aristocracia obrera, Autarquía.

B Balance de ingresos y gastos monetarios de la población; Balance de la economía nacional; Balance de mano de obra; Balance (por ramas) de la producción y de la distribución del producto; Base material y técnica del comunismo; Base material y técnica del socialismo; Bernstein Eduard (1850-1932); Bervi Vasili Vasílievich (seudónimo: N. Flerovski) (1829-1918); Böhm – Bawerk Eugen (1851-1914); Bolsa; Burguesía.

C Cálculo económico; Cambio; Capital; Capital circulante; Capital comercial; Capital constante; Capital de préstamo; Capital ficticio: Capital fijo; Capital financiero; Capital industrial; Capitalismo de estado; Capitalismo monopolista de estado; Capital mercantil; Capital monetario; Capital productivo; Capital usurario; Capital variable; Carácter social del trabajo; Carey, Henry Charles (1793-1879); Categorías económicas; Centralismo democrático en la dirección de la economía; Centralización del capital; Chernishevski, Nikolái Gavrílovich (1828-1889); Ciclo capitalista; Ciclo del capital; Circulación; Circulación del capital; Clark, John Bates (1847-1938); Clases (sociales); Coexistencia pacífica; Colonialismo; Comercio; Comercio cooperativo en la URSS; Comercio estatal en la URSS; Comercio exterior; Comercio koljosiano; Competencia; Competencia dentro de cada rama de producción; Competencia entre ramas de la producción; Composición orgánica del capital; Composición técnica del capital; Comunidad; Comunismo;Concentración de la producción; Concentración del capital; Consorcio; Consumo;Contradicción fundamental del capitalismo; Cooperación capitalista simple; Cooperación de las empresas bajo el socialismo; Cooperación del trabajo; Cooperación socialista del trabajo; Cooperación socialista mundial del trabajo; Coordinación de los planes económicos de los países socialistas; Corporación; Costo de producción; Crédito de consumo; Crédito, en el capitalismo; Crédito, en el socialismo; Crédito socialista internacional; Crisis agraria; Crisis económica de superproducción; Crisis general del capitalismo; Cuota de ganancia; Cuota de plusvalía; Cuota media (general) de ganancia;Curso de la moneda.

D Danielsón, Nikolái Frántsevich (seudónimo: Nikolái-on, 1844-1918); “Democratización del capital”; Depauperación absoluta del proletariado; Depauperación relativa del proletariado; Depresión; Desarrollo proporcional de la economía socialista; Desgaste físico; Desgaste moral; Desintegración del sistema colonial del imperialismo; Deuda hipotecaria; Devaluación; Diferencias esenciales entre el trabajo intelectual y el trabajo físico; Diferencias esenciales entre la ciudad y el campo en el socialismo; Dinero; Distribución; Dividendo; Divisa; División capitalista internacional del trabajo; División natural del trabajo; División social del trabajo; División socialista internacional del trabajo;Doble carácter del trabajo; Dumping.

E Economía nacional; Economía natural; Economía política; Ejército industrial de reserva; Elevada ganancia monopolista; Emplazamiento de la producción socialista; Empréstitos; Empréstitos del Estado; Empréstitos exteriores (internacionales); Emulación económica entre el socialismo y el capitalismo; Emulación socialista; Engels, Federico (1820-1895); Equivalente general; Esfera no productiva; Esfera productiva;Especialización de la producción; Estado de democracia nacional; Estados rentistas; Estímulos materiales y morales del trabajo en el socialismo; Experimento económico; Explotación del hombre por el hombre; Explotación capitalista; Explotación colonial;Exportación; Exportación de capitales; Exportación de mercancías bajo el capitalismo; Expropiación.

F Fetichismo de la mercancía, Finanzas, en el socialismo; Fisiócratas; Fondo de acumulación; Fondo de consumo; Fondos; básicos; Fondos de circulación; Fondos de producción; Fondos de rotación; Fondos sociales de consumo; Formación económico-social; Formas del valor; Fourier, François-Marie Charles (1772-1837); Fuerza de trabajo;Fuerzas productivas; Función económica del estado socialista; Funciones del dinero.

G Ganancia; Ganancia comercial; Ganancia de fundador; Ganancia del empresario;Gastos de circulación; Gastos de producción; Gastos netos de circulación.

H Hansen, Alvin (n. en 1887); Herzen, Alexandr Ivánovich (1812-1870); Hilferding, Rudolf (1877-1941); Hobson, John Atkinson (1858-1940).

I Imperialismo; Importación; Industrialización; Industrialización capitalista; Industrialización socialista; Inflación; Ingreso neto centralizado del estado; Ingreso neto de la empresa estatal; Ingreso neto de la sociedad socialista; Ingresos reales de la población bajo el socialismo; Instrumentos de producción; “Integración” monopolista; Intensidad del trabajo; Intensificación de la producción agrícola; Interés, bajo el capitalismo; Inversión de capitales.

J-K Jornada de trabajo; Kautsky, Karl; Keynes, John Maynard (1883-1946).

L Lassalle, Ferdinand (1825-1864); Lenin, Vladimir Ilich (1870-1924); Letra de cambio; Ley capitalista de la población; Ley de la acumulación socialista; Ley de la circulación del dinero; Ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas; Ley de la desigualdad del desarrollo económico y político de los países capitalistas en el período del imperialismo; Ley de la distribución con arreglo al trabajo; Ley de la elevación incesante de la productividad del trabajo; “Ley de la fertilidad decreciente del suelo”; Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia; Ley del desarrollo planificado de la economía nacional; Ley del desarrollo preferente de la producción de medios de producción; Ley del valor; Ley económica fundamental del capitalismo; Ley económica fundamental del socialismo; Leyes económicas; Ley general de la acumulación capitalista; Ley socialista de la población; Luxemburgo, Rosa (1871-1919).

M Malthus, Thomas Robert (1766-1834); Manufactura; Marx, Carlos (1818-1883); Medios de producción; Medios de rotación; Medios de trabajo; Mercado; Mercado capitalista mundial; Mercado interior; Mercado socialista mundial; Mercancía; Mercantilismo; Método de balances en la planificación; Método de la economía política; Métodos matemáticos en la economía; Militarización de la economía bajo el imperialismo; Mill, John Stuart (1806-1873); Modo capitalista de producción; Modo comunista de producción; Modo de producción; Modo de producción de la comunidad primitiva; Modo esclavista de producción; Modo feudal de producción; Monopolio capitalista; Monopolio de la propiedad privada sobre la tierra; Monopolio de la tierra como objeto de explotación; Moro, Tomás (1478-1535).

N Nacionalización; Nacionalización capitalista; Nacionalización de la tierra; Nacionalización socialista; Neocolonialismo; Neomalthusianismo; Nivelación del desarrollo económico de los países socialistas.

O  Objeto de trabajo; Oligarquía financiera; Oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo físico; Oposición entre la ciudad y el campo; “Outsiders”; Owen, Robert (1771-1858).

P Paquete de control de las acciones; Paro forzoso; Paro forzoso crónico; Patrón de precios; Período de trabajo; Período de transición del capitalismo al socialismo; Petty, William (1623-1687); Plan cooperativo de Lenin; Planificación corriente; Planificación de la economía nacional; Planificación de perspectiva; Plejánov, Gueorgui Valentínovich (1856-1918); Plusproducto; Plusvalía; Plusvalía absoluta; Plusvalía extraordinaria; Plusvalía relativa; Política económica; Precio; Precio de la tierra; Precio de monopolio;Precio de producción; Prestación personal; Presupuesto; Presupuesto estatal de la U.R.S.S.; Producción; Producción capitalista maquinizada; Producción global; Producción industrial combinada; Producción mercantil; Producción mercantil simple; Productividad del trabajo; Producto necesario; Producto social global; Progreso técnico; Proletariado; Propiedad; Propiedad capitalista de estado; Propiedad cooperativa; Propiedad personal; Propiedad socialista; Propiedad socialista estatal; Proudhon, Pierre-Joseph (1809-1865).

Q Quesnay, François (1696-1774).

R Radíschev, Alexandr Nikoláievich (1749-1802); Reformas agrarias; Régimen capitalista en la agricultura; Relaciones de producción; Renta; Renta absoluta; Rentabilidad; Renta del suelo, en el capitalismo; Renta de monopolio; Renta diferencial I; Renta diferencial II; Renta diferencial, en el capitalismo; Renta diferencial, en el socialismo; Renta feudal del suelo; Renta nacional; Reproducción; Reproducción capitalista ampliada; Reproducción capitalista simple; Reproducción socialista ampliada; Reservas estatales de mano de obra; Ricardo, David (1772-1823); Riqueza nacional; Rotación del capital.

S Saint-Simon de Rouvroy, Claude-Henri (1760-1825); Salario, en el capitalismo; Salario, en el socialismo; Salario nominal; Salario real; Say, Jean Baptiste (1767-1832); Sindicato; Sismondi, Leónard Simonde de (1773-1842); Sistema automático de maquinaria; Sistema capitalista de economía mundial; Sistema colonial del imperialismo; Sistema monetario; Sistema socialista de economía nacional; Sistema socialista mundial de economía; Smith, Adam (1723-1790); Socialismo; “Socialismo cooperativo”; Socialización de la producción; Sociedad anónima; Struve, Piotr Berngardovich (1870-1944); Sub-utilización crónica de las empresas; Superpoblación agraria; Superpoblación estancada; Superpoblación flotante; Superpoblación relativa.

T  Tarea económica fundamental de la U.R.S.S.; Tendencia histórica de la acumulación capitalista; Teoría de la “Dispersión de la propiedad”; Teoría de la “Revolución de los gerentes”; Teoría de la “Revolución en los ingresos”; Teoría del “Capitalismo popular”;Teoría del “Estado del bienestar general”; Teoría del “Pleno empleo”; Tiempo de circulación del capital; Tiempo de producción bajo el capitalismo; Tiempo de rotación del capital; Tiempo de rotación de los fondos de producción; Tiempo de trabajo individual; Tiempo de trabajo necesario bajo el capitalismo; Tiempo de trabajo socialmente necesario; Tiempo libre, en el socialismo; Tipo económico; Títulos de crédito a la orden; Trabajo; Trabajo abstracto; Trabajo complejo; Trabajo comunista; Trabajo concreto; Trabajo directamente social; Trabajo materializado; Trabajo necesario; Trabajo pasado; Trabajo privado; Trabajo productivo y trabajo no productivo, en el socialismo; Trabajo simple; Trabajo socialmente necesario; Trabajo vivo; Transformación socialista de la agricultura; “Trudodién”; Trust; Tugán-Baranovski, Mijaíl Ivánovich (1865-1919).

U-V-Z Uniones monopolistas de estado internacionales; Unión personal; Valor; Valor de uso; Valor social (de mercado); Vía no capitalista de desarrollo; Vorontsov, Vasili Pávlovich (1847-1918); Ziber, Nikolái Lvánovich (1844-1888).

La Izquierda Autónoma también llora – El Mostrador

El problema político e ideológico de la ultraizquierda, es sin duda un asunto clásico en el debate ideológico dentro del campo de la izquierda, reside en cómo ser más izquierdista que todos los izquierdistas, cómo situarse a la izquierda de todas las izquierdas para aparecer más izquierdista ante la opinión pública o ante “las masas”, un dilema que no es sólo semántico, sino que profundamente político.

Como lo muestra la literatura política clásica del marxismo, los riesgos de personalismo (recordar por ejemplo, la vieja polémica por el “culto de la personalidad” entre chinos y soviéticos en los años cincuenta y sesenta del siglo XX) siempre persiguen a los grupos de la ultraizquierda y de la izquierda en general: el riesgo inminente de convertirse en movimientos o grupos que dependen y funcionan subyugados por el caudillismo de un solo personaje casi mesiánico que funda, organiza, lidera y representa al movimiento, perdiéndose o diluyéndose la organización colectiva.

El autonomismo del siglo XXI es la cara postmoderna del anarquismo del siglo XIX, es la ideología que ataca al Estado, a todo el Estado, a todo Estado, que apunta a destruir el Estado, a destruir todo Estado, en nombre de la base y de las asambleas de base.  Como consecuencia de este “autonomismo basista y asambleista” esos movimientos tienden a diluirse y enredarse en permanentes polémicas internas que no concluyen sino en la acción pura y directa, sin una organización estable y consistente que sustente el movimiento.

¿No es una contradicción ideológica de los “autonomistas” criticar a todos los partidos políticos y al mismo tiempo tratar de formar un partido político?

Leemos hoy en El Mostrador:

La Izquierda Autónoma también llora.

“Sin escribir una línea, se podría decir que la crisis de la Izquierda Autónoma tuvo su propio relato en las redes sociales.

El peak fue el viernes 20 de mayo, cuando un grupo de Nodo XXI –la Fundación de “pensamiento” ligada a la IA– llegó hasta las oficinas del Ministerio de Educación para reunirse con la ministra Adriana Delpiano. La foto era esta: la ministra con un chaquetón rojo hablando ante la prensa; detrás, Carlos Ruiz Encina –fundador de la IA y director de Nodo XXI– y otra figura emblemática del autonomismo: Andrés Fielbaum, quien sucedió a Gabriel Boric al frente de la FECH.

El encuentro dejó en evidencia que las grietas que dividen a los dos poderosos grupos al interior de la IA no se taparían con nada. El medio electrónico El Desconcierto –ligado a Rodrigo Ruiz, hermano de Carlos Ruiz– fue directo en titular: “Inesperada reunión entre Izquierda Autónoma y el Mineduc: Ni Confech ni Boric sabían”. En el Facebook de la IA, el mismo Gabriel Boric posteó a los pies de la foto donde aparecía la ministra recibiendo a Nodo XXI: “Estimad@s administradores de esta página, al igual que much@s de los militantes de Izquierda Autónoma que aquí han expresado su molestia, les ruego eliminen esta publicación considerando que el documento que presentaron en el Mineduc es desconocido no solo por gran parte de la militancia, sino más grave aún, por la mayoría de nuestros compañeros y compañeras que militan en el frente estudiantil y educacional”.

La última reserva de leña, ya había sido lanzada a la hoguera.

Las tensiones eran antiguas. Diferencias en la forma de abordar la Reforma Educacional, el proceso constituyente, elegir la vía electoral con Gabriel Boric en al Parlamento, escuchar realmente a las bases, son aspectos que finalmente afectaron al proyecto común. “Creo que las constantes faltas de respeto a la democracia interna han hecho imposible definir un quehacer único, que es condición básica para fundar un partido. Evidentemente el quiebre es una posibilidad”, señala Andrés Fielbaum.

Si se pudiera resumir cómo se dibuja la división de la Izquierda Autónoma, se podría decir que en un lado está el tronco histórico, el descolgado de la Zurda, Carlos Ruiz Encina, militantes emblemáticos de la movilización de 2011 y líderes estudiantiles –hasta Camila Rojas–. En la otra vereda quedan organizaciones que se querían sumar en el último tiempo a la apuesta de la IA, militantes de Valparaíso y Rodrigo Ruiz Encina.

Para los militantes de base, no se trata de un quiebre ideológico, sino más bien de una forma de construcción, un debate que “además hasta ahora solo ha sido dado por redes sociales y no en asamblea”, señala un dirigente.

La Izquierda Autónoma siempre se movió solo en el mundo estudiantil, pero cuando Boric resultó electo, decenas de personas se quisieron sumar al proyecto –incluso ingresó Javiera Vallejo, hermana de Camila, y Nicolás Grau, quien había sido presidente de la Fech con la Nueva Izquierda Universitaria– y se buscó comenzar a construir una organización que rebasara lo meramente estudiantil. Para esto, la IA hizo un proceso de convergencia en marzo, se formaron listas y se hicieron elecciones en busca de una dirección ejecutiva y una ampliada; una jugada en la que las divisiones internas se hicieron más evidentes.

Hay quienes señalan que en este escenario, la figura de Gabriel Boric es clave, pero también móvil. Sin embargo, otros lo sitúan sin excusas del lado de Rodrigo Ruiz y no de Nodo XXI, think tank del grupo, del cual se distanció hace meses. “Prefiero dar un debate al interior de mi organización antes que dar declaraciones a la prensa”, dice Boric.

Ad portas de lo que pareciera ser un quiebre definitivo, Fielbaum cree que uno de los riesgos grandes que aparecieron en el último tiempo fue el “caudillizarse, lo cual no es responsabilidad exclusiva de Boric. Diría que él tomó una posición frente a las discusiones internas, que sistemáticamente se mostró minoritaria en el autonomismo”.

-¿Cuál es esa posición?
-Creo que ellos son mejores voceros de su posición que yo. Yo la describiría como una posición que prioriza las incursiones electorales como manera de crecer. Por ejemplo, la molestia con la reunión del viernes la pondría en esos códigos. Para nosotros lo mejor que puede hacer Izquierda Autónoma es presionar para que este gobierno no termine sin la reforma por la que tanto hemos peleado, pero que esa reforma expanda la educación pública de modo de efectivamente lograr hacer retroceder el mercado. Pero priorizando los resultados electorales, sería conveniente que no haya reforma para capitalizar ese malestar. Allí tenemos una diferencia fundamental –cierra Fielbaum.

Los caminos de la izquierda

Izquierda Autónoma, al igual que otras fuerzas políticas emergentes –como Revolución Democrática, Izquierda Libertaria y otros sectores ligados al mundo estudiantil, por ejemplo, la Unión Nacional Estudiantil–, viven procesos de maduración política y constitución de su base orgánica.

Este proceso, para el sociólogo Alberto Mayol, siempre es complejo y trae consigo tensiones propias de lo que significa llevar la consolidación de un proyecto que pasa a jugar a la cancha de la política amplia. “Las fuerzas políticas nuevas siempre tienen un problema, ya que parten de la nada y eso es complicado en general”, señala Mayol.

Bajo este contexto la labor de actuar como un impugnador es fundamental, pero es un “ejercicio muy sofisticado” y complejo, a juicio del sociólogo. Dicha labor pasa por definir una estrategia que “busca generar nuevas estructuras de poder y eso no es nada fácil”, puntualiza, ya que constantemente ronda el fantasma de evadir la construcción política más pesada y avanzar hacia el mundo de la propaganda política y la estrategia netamente comunicacional.

Para Mayol este trabajo de base fuera del sistema político está avanzado en el mundo estudiantil y sindical, pero no es suficiente. Tampoco lo ha sido el rol impugnatorio desde fuerzas como Izquierda Autónoma y esto trae consigo contradicciones internas. “Echo de menos una labor de hostigamiento de la élite principal, cuando quieres atacar una élite tienes que ser particularmente asertivo y agresivo para poder ir por los puntos más críticos de esa élite”, indica Mayol, al tiempo que agrega que, en el caso de la IA y otras fuerzas, las mayores impugnaciones han sido limitadas.

Otro aspecto que tensiona al mundo autonomista radica entre establecer una política de masas u otra más reducida. Un debate “que tuvieron en algún momento los partidos que vienen del mundo estudiantil, le pasó incluso a la UDI (…) hay una visión contrapuesta entre quienes buscan salir y los que quieren mantenerse construyendo en su propio lugar”.

Para los militantes de base, no se trata de un quiebre ideológico, sino más bien de una forma de construcción, un debate que “además hasta ahora solo ha sido dado por redes sociales y no en asamblea”, señala un dirigente. La Izquierda Autónoma siempre se movió solo en el mundo estudiantil, pero cuando Boric resultó electo, decenas de personas se quisieron sumar al proyecto –incluso ingresó Javiera Vallejo, hermana de Camila, y Nicolás Grau, quien había sido presidente de la Fech con la Nueva Izquierda Universitaria– y se buscó comenzar a construir una organización que rebasara lo meramente estudiantil. Para esto, la IA hizo un proceso de convergencia en marzo, se formaron listas y se hicieron elecciones en busca de una dirección ejecutiva y una ampliada; una jugada en la que las divisiones internas se hicieron más evidentes.

Para Mayol, en general “Izquierda Autónoma ha hecho un trabajo súper interesante”, pero le falta avanzar en la siguiente etapa, lo que queda evidenciado en “no tener una estrategia clara ante las municipales, eso no es excusable, si tú quieres tener un rol en la historia y vas a asumir la ruta electoral, tienes que ir. No puede ser que hace un mes sale un reportaje en que Carlos Ruiz prácticamente es proclamado como candidato presidencial y prácticamente el partido no lo respalda”.

Finalmente, el sociólogo indica que “las contradicciones existenciales internas les han generado daño, pero es un aprendizaje de grupos políticos que están empezando y que han tenido resultados sobresalientes”.

Posiciones encontradas

Desde el sector lejano a Nodo XXI, Andrea Salazar, miembro de la Dirección Ejecutiva de Izquierda Autónoma, admite que existe “una crisis al interior de nuestra organización, tanto de construcción orgánica como política”.

Para este sector, a nivel orgánico la diferencia reside en el “cómo construir organización, una alternativa radicalmente democrática debe pasar sus decisiones por las bases, que la soberanía está en la militancia y ahí se dan años de una militancia poco crítica, que delega la elaboración en algunos”. Desde el lado más político, “Fuerza Autonomista –sector de Nodo XXI– se sitúa en el escenario político desde una parcialidad que es desde el mundo estudiantil. Aunque es esencial, la disputa de un partido político tiene que ser contra el neoliberalismo. Hay otros campos de disputas, como el debate constituyente, territorial y sectorial, como la lucha por el agua, feminista, y allí hemos tenido las más grandes diferencias”, explica.

Ante el desencuentro de la disputa electoral, Andrea Salazar señala que como sector creen “que sin duda las luchas territoriales hoy se cruzan por la coyuntura municipal. A través de la disputa municipal se pueden construir espacios que son próximos a la vida cotidiana de las personas, donde vayamos proponiendo proyectos de transformación a la sociedad”.

Según Salazar, “de algún modo ellos (Fuerza Autonomista) ven que la política está muy deslegitimada y que el escenario municipal no nos permitiría dar esa disputa como un actor político relevante. Nosotros vemos que hay un escenario complejo, pero debemos ver cómo somos capaces de generar un proyecto que genere alternativa a los proyectos locales”.

El Proceso Constituyente también ha traído tensiones, mientras un sector estableció la necesidad de restarse del proceso levantado por el Gobierno, Salazar explica que “los movimientos sociales y actores políticos emergentes deben participar del proceso político constituyente. No es posible que estos actores se resten a priori, sino que hay que ver la forma en la que podemos ir articulando a la sociedad a través de discusiones que engloben a la sociedad en su conjunto, elaborando una propuesta de país, independiente de ser parte de los cabildos, obviamente con desconfianza del gobierno, pero sí puede ser un espacio para encontrarse con personas que no necesariamente son parte de una organización política y social”.

A esto se suma la centralidad de las luchas. Para Andrea es fundamental la diferencia a la hora de incluir “perspectivas que no habían sido incorporadas en la izquierda del siglo XX”, como las luchas feministas y medioambientales, lo que no es centralidad para el sector de Fuerza Autonomista, según señala.

Pero además hay distancias ideológicas respecto a lo que es el autonomismo, “una organización autonomista tiene que tener la soberanía en las bases, en la militancia, por lo tanto tenemos que redefinir lo que comprendemos por democracia”. Andrea indica que hay “una división brutal social del trabajo. Hay algunos que ejecutan la política y otros que elaboran la política y eso hace crisis en estos momentos”.

A pesar de reconocer que están en una crisis, Andrea Salazar ve una salida política: “Creemos y tenemos la convicción de que para superar este momento de crisis hay que convocar a un congreso refundacional y eso implica que todos los autonomistas discutamos sobre el futuro de nuestra organización, la orgánica, el plan político y que a partir de eso demos una nueva orgánica, porque creemos que la actual tiene una serie de vicios en su origen”.

Desde la otra vereda, la mirada de Fielbaum es menos conciliadora respecto al futuro de la IA. “Nuestro proceso de intentar converger, ciertamente no funcionó. Desde un comienzo se hicieron evidentes las importantes diferencias políticas. En esa línea, fueron importantes los procesos de discusión interna y las asambleas nacionales que tuvimos en 2015 y 2016”, señala.

A la hora de revisar escenas que identifican, pero a la vez separan a cada grupo, Fielbaum cree que hay hitos que entregan luces. “Por ejemplo, ciertas definiciones electorales empujadas sin consenso interno y muy propias de la lógica de proyectarse desde las mismas elecciones y no entender estas como una consecuencia de procesos previos de lucha social que encuentran su expresión ya sea en las parlamentarias o municipales. Durante el 2015, por ejemplo, la participación de un sector de la mesa en 123xÑuñoa –plataforma electoral compartida con la Concertación– y el lanzamiento de Temuko Participa junto al PRO, en medio de las investigaciones por SQM”, aporta datos.

“En suma, habiendo planes contradictorios para este año, en lugar de resolverlos para definir una política unitaria, se decidió actuar por la vía de los hechos consumados”, sentencia Fielbaum.

La Comuna de Paris de 1871 vista por Karl Marx

En la alborada del 18 de marzo de 1871, París despertó entre un clamor de gritos de “Vive la Commune!” ¿Qué es la Comuna, esa esfinge que tanto atormenta los espíritus burgueses?

“Los proletarios de París — decía el Comité Central en su manifiesto del 18 de marzo –, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos . . . Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder.”[73] Pero la clase obrera no puede limitarse simplemente a tomar posesión de la máquina del Estado tal como está, y a servirse de ella para sus propios fines.

El Poder estatal centralizado, con sus órganos omnipresentes: el ejército permanente, la policía, la burocracia, el clero y la magistratura — órganos creados con arreglo a un plan de división sistemática y jerárquica del trabajo –, procede de los tiempos de la monarquía absoluta y sirvió a la naciente sociedad burguesa como un arma poderosa en sus luchas contra el feudalismo. Sin embargo, su desarrollo se veía entorpecido por toda la basura medioeval: derechos señoriales, privilegios locales, monopolios municipales y gremiales, códigos provinciales. La escoba gigantesca de la Revolución Francesa del siglo XVIII barrió todas estas reliquias de tiempos pasados, limpiando así, al mismo tiempo, el suelo de la sociedad de los últimos obstáculos que se alzaban ante la superestructura del edificio del Estado moderno, erigido en tiempos del Primer Imperio, que, a su vez, era el fruto de las guerras de coalición[74] de la vieja Europa semifeudal contra la Francia moderna. Durante los regímenes siguientes, el Gobierno, colocado bajo el control del parlamento — es decir, bajo el control directo de las clases poseedoras –, no sólo se convirtió en un vivero de enormes deudas nacionales y de impuestos agobiadores, sino que, con la seducción irresistible de sus cargos, prebendas y empleos, acabó siendo la manzana de la discordia entre las fracciones rivales y los aventureros de las clases dominantes; por otra parte, su carácter político cambiaba simultáneamente con los cambios económicos operados en la sociedad. Al paso que los progresos de la moderna industria desarrollaban, ensanchaban y profundizaban el antagonismo de clase entre el capital y el trabajo, el Poder estatal fue adquiriendo cada vez más el carácter de poder nacional del capital sobre el trabajo, de fuerza pública organizada para la esclavización social, de máquina del despotismo de clase. Después de cada revolución, que marca un paso adelante en la lucha de clases, se acusa con rasgos cada vez más destacados el carácter puramente represivo del Poder del Estado. La Revolución de 1830, al dar como resultado el paso del Gobierno de manos de los terratenientes a manos de los capitalistas, lo que hizo fue transferirlo de los enemigos más remotos a los enemigos más directos de la clase obrera. Los republicanos burgueses, que se adueñaron del Poder del Estado en nombre de la Revolución de Febrero, lo usaron para provocar las matanzas de Junio, para probar a la clase obrera que la República “social” era la República que aseguraba su sumisión social y para convencer a la masa monárquica de los burgueses y terratenientes de que podían dejar sin peligro los cuidados y los gajes del gobierno a los “republicanos” burgueses. Sin embargo, después de su única hazaña heroica de Junio, no les quedó a los republicanos burgueses otra cosa que pasar de la cabeza a la cola del Partido del Orden, coalición formada por todas las fracciones y fracciones rivales de la clase apropiadora, en su antagonismo, ahora abiertamente declarado, contra las clases productoras. La forma más adecuada para este gobierno de capital asociado era la República Parlamentaria, con Luis Bonaparte como presidente. Fue éste un régime de franco terrorismo de clase y de insulto deliberado contra la vile multitude [vil muchedumbre]. Si la República Parlamentaria, como decía el señor Thiers, era “la que menos los dividía” (a las diversas fracciones de la clase dominante), en cambio abría un abismo entre esta clase y el conjunto de la sociedad situado fuera de sus escasas filas. Su unión venía a eliminar las restricciones que sus discordias imponían al Poder del Estado bajorégimes anteriores, y, ante el amenazante alzamiento del proletariado, se sirvieron del Poder estatal, sin piedad y con ostentación, como de una máquina nacional de guerra del capital contra el trabajo. Pero esta cruzada ininterrumpida contra las masas productoras les obligaba, no sólo a revestir al Poder Ejecutivo de facultades de represión cada vez mayores, sino, al mismo tiempo, a despojar a su propio baluarte parlamentario — la Asamblea Nacional –, de todos sus medios de defensa contra el Poder Ejecutivo, uno por uno, hasta que éste, en la persona de Luis Bonaparte, les dio un puntapié. El fruto natural de la República del Partido del Orden fue el Segundo Imperio.

El Imperio, con el coup d’Etat por fe de bautismo, el sufragio universal por sanción y la espada por cetro, declaraba apoyarse en los campesinos, amplia masa de productores no envuelta directamente en la lucha entre el capital y el trabajo. Decía que salvaba a la clase obrera destruyendo el parlamentarismo y, con él, la descarada sumisión del Gobierno a las clases poseedoras. Decía que salvaba a las clases poseedoras manteniendo en pie su supremacía económica sobre la clase obrera, y, finalmente, pretendía unir a todas las clases, al resucitar para todos la quimera de la gloria nacional. En realidad, era la única forma de gobierno posible, en un momento en que la burguesía había perdido ya la facultad de gobernar la nación y la clase obrera no la había adquirido aún. El Imperio fue aclamado de un extremo a otro del mundo como el salvador de la sociedad. Bajo su égida, la sociedad burguesa, libre de preocupaciones políticas, alcanzó un desarrollo que ni ella misma esperaba. Su industria y su comercio cobraron proporciones gigantescas; la especulación financiera celebró orgías cosmopolitas; la miseria de las masas contrastaba con la ostentación desvergonzada de un lujo suntuoso, falso y envilecido. El Poder del Estado, que aparentemente flotaba por encima de la sociedad, era, en realidad, el mayor escándalo de ella y el auténtico vivero de todas sus corrupciones. Su podredumbre y la podredumbre de la sociedad a la que había salvado, fueron puestas al desnudo por la bayoneta de Prusia, que ardía a su vez en deseos de trasladar la sede suprema de este régime de París a Berlín. El imperialismo es la forma más prostituida y al mismo tiempo la forma última de aquel Poder estatal que la sociedad burguesa naciente había comenzado a crear como medio para emanciparse del feudalismo y que la sociedad burguesa adulta acabó transformando en un medio para la esclavización del trabajo por el capital.

La antítesis directa del Imperio era la Comuna. El grito de “República social”, con que la Revolución de Febrero fue anunciada por el proletariado de París, no expresaba más que el vago anhelo de una República que no acabase sólo con la forma monárquica de la dominación de clase, sino con la propia dominación de clase. La Comuna era la forma positiva de esta República.

París, sede central del viejo Poder gubernamental y, al mismo tiempo, baluarte social de la clase obrera de Francia, se había levantado en armas contra el intento de Thiers y los “rurales” de restaurar y perpetuar aquel viejo Poder que les había sido legado por el Imperio. Y si París pudo resistir fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército, substituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trata de convertir este hecho en una institución duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado. (Karl Marx: La Guerra Civil en Francia, 1871).

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