Reinventar la izquierda en el siglo XXI: un diálogo Norte-Sur

Una sugerente ambigüedad habita el título de este libro, en el que el verbo “reinventar” parece tener al mismo tiempo dos valores diferentes.

Uno descriptivo: el de nombrar lo que un conjunto de experiencias políticas recientes ha hecho o viene haciendo (sobre todo aquí, en la América Latina posterior al estallido del orden “neoliberal” que, con diversas variantes y matices, había dominado toda la región durante el último cuarto del siglo pasado) con las tradiciones políticas que solemos nombrar con la palabra “izquierda”.

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Y otro prescriptivo: el de indicar lo que sería conveniente o necesario hacer con esas tradiciones, o a partir de esas tradiciones, para ponerlas a la altura (aquí y por todos lados, aunque en primer lugar, claro, en la vieja Europa donde la propia idea de “izquierda” inició hace algo más de dos siglos su jornada) de los desafíos de los nuevos tiempos. Que son tiempos de redefinición de la lógica de funcionamiento de la economía, desde ya, pero también, de la mano de esa redefinición (aunque había que cuidarse de convertir ese “de la mano” en la coartada o el pretexto de ningún causalismo apresurado), de trastrocamiento de las coordenadas de la vida social y cultural en su conjunto, de las formas de pensarse los problemas de la identidad individual y colectiva, los lazos de solidaridad y las miradas sobre el futuro.

Eso: el futuro, estuvo siempre en el corazón de los pensamientos que solíamos llamar “de izquierda”. Que no eran pensamientos de la gestión del mundo, del presente, sino pensamientos que buscaban en ese presente siempre injusto pero siempre –en virtud de esa misma injusticia que hacía necesaria su crítica y su amonestación– preñado de esperanza, las grietas por donde la promesa de una redención final de la humanidad pudiera hacerse audible y organizar las acciones de los hombres en el tiempo.

Lea y descargue aquí el libro:

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Las respuestas a los sepultureros de la Nueva Mayoría – El Siglo

“Chile no necesita decenas de pequeñas, aunque bien perfiladas, formaciones políticas,sino una gran coalición de centroizquierda”.

Equipo ES. Santiago. En las últimas semanas, varios personeros del oficialismo emitieron declaraciones e hicieron vocerías, disparando contra la Nueva Mayoría (NM), presagiando su sepultura o avisando que dejarían el conglomerado.

Unos optando, a veces más tácita que explícitamente, por un sendero más conservador y restituidor del marco concertacionista, y otros postulando un camino que consideran más radicalizado y queriendo generar otro espacio de alianzas con grupos de izquierda.

En el primer caso destacó el ex ministro de Defensa y de Interior de este gobierno, Jorge Burgos, quien lanzó un misil a la continuidad del conglomerado, sumándose a disparos del mismo calibre hechos con anterioridad por su camaradas de la Democracia Cristiana Gutenberg Martínez e Ignacio Walker. Burgos indicó, en entrevista a El Mercurio, que algunos “creemos que la Nueva Mayoría termina con este gobierno” y apuntó a una nueva coalición con hegemonía socialcristiana y socialdemócrata, desechando incluir al Partido Comunista (PC) porque la incidencia de esa colectividad “le hace mal al país”. Las afirmaciones fueron respaldas, como se podía esperar, por Martínez y Walker, además de los DC Jorge Pizarro, Andrés Zaldívar, Mariana Aylwin, Edmundo Pérez Yoma, entre otros. No solo eso, sino que varios pusieron a Burgos en la lista de candidatos presidenciables.

En tanto, el senador Alejandro Navarro (Movimiento Amplio Social, MAS) y el diputado Sergio Aguiló (Izquierda Ciudadana, IC), anunciaron que dejarían la Nueva Mayoría, y que buscarían otras alianzas. Extraña o paradójicamente, en ambos casos, sus colectividades rechazaron esas declaraciones y los dirigentes del MAS y la IC ratificaron que siguen en el conglomerado, que están por el cumplimiento de las reformas y contar con un programa transformador y que no tienen planificado salirse de la Nueva Mayoría, enfatizando que Navarro y Aguiló actuaron de forma individual. En el caso del senador del MAS, al igual que Burgos, se puso en la lista de aspirantes a La Moneda.

Más allá de las palabras de la contingencia, protagonismos mediáticos, aspiraciones presidenciales, operaciones políticas, polémicas tangenciales, se puso sobre el tablero de la política el tema de la proyección de la NM. Incluyendo los factores que tienen que ver con la necesidad de su continuidad, sin volver al esquema concertacionista ni irse por un camino de sectores acotados.

Junto a lo anterior, timoneles de varias de las colectividades que conforman la coalición, entre ellos Isabel Allende, del Partido Socialista (PS), Guillermo Teillier del PC, y Carolina Goic de la DC, insistieron en que un sustento determinante respecto a la NM y su proyección tienen que ver con la elaboración programática, es decir, contar con un programa que, entre otras cosas, sea la base para un posible segundo periodo presidencial de la NM.

Dirigentes y parlamentarios del conglomerado han insistido en estas semanas en la necesidad de ir dando respuestas a demandas sociales y ciudadanas, como cambiar el sistema previsional privado, asumir los déficit y graves problemas en salud y transporte, generar mecanismos reales de participación, crear marcos legales para proteger la explotación de recursos naturales como el litio y el agua, profundizar las reformas en materia educacional, ampliar los cambios en el mundo del trabajo, dotar de instrumentos y atribuciones a las regiones, contar con instrumentos de inhibición y sanción en casos de colusiones, corrupción e irregularidades en el sector empresarial-financiero, el sector público y la actividad política y continuar el proceso constituyente para arribar a una nueva Constitución.

Hay una insistencia desde la NM en cuanto a que todo ello será viable en la medida que haya un segundo gobierno de las fuerzas que componen la coalición y que persistan las actuales colectividades sumadas -e incluso otras- para generar una “mayoría política, social y electoral”.

El afán de “debilitar la base política del gobierno”.

Frente al presagio del ex ministro Burgos de fijar el fallecimiento de la NM, el presidente del PC, Guillermo Teillier, sostuvo que “él trata de debilitar la base política que sostiene el gobierno” de Michelle Bachelet. En contraste con las aseveraciones del DC, el diputado comunista dijo que “fue un acuerdo (crear la NM), se dijo (que) político programático, y mientras se lograra el programa esta coalición tenía que seguir. En reuniones posteriores se tomó el acuerdo donde se dice que esta coalición pretende prolongar en el tiempo y ojalá en un próximo periodo gubernamental”.

En ese marco, el vocero de La Moneda, Marcelo Díaz, manifestó que “todo lo que hemos logrado avanzar durante este tiempo, las importantes reformas que hemos sacado adelante ha sido gracias al concurso de los siete partidos de la coalición”.

La presidenta de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, salió a enmarcar los dichos de Jorge Burgos. “Las palabras de un militante no representan la opinión oficial de la DC” y reivindicó la fórmula de construir mayoría política para las reformas que requiere el país. “Yo no soy procomunista, pero tenemos que construir mayorías si queremos implementar proyectos políticos, y es en esa lógica que nos unimos como Nueva Mayoría”. Goic añadió: “La DC tiene domicilio conocido, y es en el espacio de la centroizquierda. Desde allí nos situamos para construir mayorías que nos permitan gobernar”.

“Una gran coalición de centroizquierda”.

En un artículo en el diario La Tercera, el ex ministro del Interior en la primera administración de Michelle Bachelet, el DC Belisario Velasco, planteó que “Chile no necesita decenas de pequeñas, aunque bien perfiladas, formaciones políticas, sino una gran coalición de centroizquierda, pues, en los agitados tiempos que corren, sólo quienes se mantienen unidos permanecen firmes. El camino propio condena a la extinción”.

Velasco sostuvo que “el problema político de la Democracia Cristiana no es la izquierda, sino los desafíos que Chile debe acometer para alcanzar una convivencia civilizada fundada en los derechos políticos, económicos sociales y culturales de las personas”.

El también ex ministro de Bachelet, Francisco Vidal, del Partido por la Democracia, indicó en una columna en el diario El Mercurio, que “la sepultara de la Nueva Mayoría no solo proviene de estos grupos de militancia democratacristiana, sino también de algunos analistas, dirigentes y ex dirigentes de la vieja Concertación”. Apuntó que, pese a realizaciones positivas de la Concertación, quienes desean restituir esa coalición, cometen un error de diagnóstico. “La Concertación fue perdiendo respaldo popular y ciudadano a través del tiempo. Además, la vieja Concertación se fue desintegrando con respecto a la plenitud que obtuvo a inicios de los años 90 en materia de fuerza política, social, electoral, cultural y partidaria”.

Vidal sostuvo que “la respuesta a lo anterior fue la construcción de una nueva alianza entre el centro, la centroizquierda y parte importante de la izquierda, que dio vida a la Nueva Mayoría”. Enfatizó: “Discrepo de estos grupos que quieren sepultar a la Nueva Mayoría. Al revés, para consolidar y proyectar las reformas que ha hecho este gobierno y los nuevos desafíos, cualquier candidato presidencial que represente a estas fuerzas el próximo año requiere a lo menos mantener, si no ampliar esta coalición, pero jamás reducirla como indican algunos de estos ‘sepultureros’”.

En una entrevista a La Tercera, la diputada del PC, Karol Cariola, enfatizó que “lo que intenta hacer Burgos y un sector de la DC es provocar para volver a la Concertación…Apuntan hacia lo mismo de los sectores más conservadores: desarmar a la Nueva Mayoría, el proyecto que más transformaciones le ha entregado a nuestro país. Muchos quisieron retornar a lo que fue la antigua Concertación, y parte de hacer este golpe al Partido Comunista, es una táctica para eso”.

Respecto al certificado de defunción que Burgos extendió a la NM, Cariola expuso que “la Nueva Mayoría es un proyecto exitoso dentro de sus procesos, básicamente ha logrado llevar adelante el cumplimiento de gran parte de los elementos programáticos” que se planteó. La diputada explicó que “no quiero decir que no hemos cometido errores…es parte de cualquier coalición” y añadió que el conglomerado como está “hace un tremendo aporte” al país.

El requerimiento de consolidación.

Enfático también fue el Ministro del Interior, Mario Fernández, de militancia democratacristiana, en reivindicar el rol del conglomerado oficialista y de centroizquierda. “Podremos discrepar con muchos camaradas -dijo en el diario La Segunda-. Pero las reformas que se han echado a andar y otras que vienen, como la reforma constitucional, requieren de consolidación, y eso trae consigo el deber de la proyección de la NM en un nuevo gobierno. Es un acto de responsabilidad con lo que hemos hecho en este Gobierno. Lo otro sería dejar trunco este esfuerzo, si es que el país cambia de rumbo”.

Respecto a vetos, como el que Burgos hizo de los comunistas, Fernández sostuvo que el camino de la NM es “con comunistas, con socialistas, con pepedés, con todos los grupos y movimientos que apoyan la Nueva Mayoría (…) porque la dimensión del esfuerzo así lo exige. No es un problema de gustos, sino de responsabilidad política. Sostener una tarea tan colosal implica llegar al final del Gobierno con la tarea cumplida y proyectarla”.

El jefe de Gabinete argumentó que “el gobierno de la Nueva Mayoría, el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se sustentó en la más amplia coalición que ha tenido Chile. Nunca hubo una coalición tan amplia como la Nueva Mayoría. Era indispensable una mayoría así para llevar a cabo reformas tan profundas. Pero desde luego que una coalición tan amplia trae consigo mayor diversidad y hay que vivir con esa diversidad política, acostumbrarse y saber resolver diferencias”.

Frente a la opinión expresada por el diputado Sergio Aguiló, de Izquierda Ciudadana, los integrantes de la Comisión Política de esa organización –entre ellos el presidente Francisco Parraguez y el secretario general Iván Cabezas- dieron a conocer una declaración pública donde expresaron que “no tenemos duda de que el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet ha emprendido transformaciones de envergadura histórica en Chile. Por la misma razón, no tenemos ni la menor vacilación en señalar que respaldaremos a la Presidenta y su Gobierno hasta el final, lo que significa, consecuentemente, que no estamos disponibles para ninguna acción que signifique debilitar su base de apoyo político, expresada en la Nueva Mayoría”.

Indicaron, asimismo, que “desde el primer momento, teníamos plena conciencia que la Nueva Mayoría se constituye desde la diversidad y que ello implicaría una relación de unidad y debate en su interior. No podía ser de otro modo, considerando que se trata de la convergencia de fuerzas políticas más amplia que ha existido en la historia del país”.

Fuente: EL SIGLO http://www.elsiglo.cl/2016/08/16/las-respuestas-a-sepultureros-de-la-nueva-mayoria/

MUHAMMAD ALI más que una leyenda del boxeo, un luchador contra la sociedad que nos divide en clases… —

Muhammad Ali, nacido Cassius Marcellus Clay, Jr. Fue una figura social de enorme influencia en su generación, en la política y en las luchas sociales o humanitarias a favor de los afroamericanos y del islam. Y como siempre en este sitio tenemos grandes personajes que deciden hacer lo que quieren y por consiguiente ir contra la sociedad, […]

a través de MUHAMMAD ALI más que una leyenda del boxeo, un luchador contra la sociedad que nos divide en clases… —

Educación pública, gratuita, laica y de calidad

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Si regresáramos un instante en el tiempo, por ejemplo al año 1965 en Chile, y cada uno de nosotros fuera un estudiante de ultimo año de la enseñanza media o secundaria, y quisiera ingresar a la Universidad, se encontraría con el siguiente panorama.

Recordemos que a lo largo de la primera mitad del siglo XX, la educación básica o primaria duraba 6 años y la educación secundaria duraba también 6 años, y que solo en 1965, bajo el gobierno de Eduardo Frei Montalva se cambió a un sistema con 8 años de enseñanza básica y 4 años de enseñanza media.

Para ingresar a la Universidad (sea pública o privada) el estudiante debe rendir al fin del último año de enseñanza media, la prueba de Bachillerato, una prueba escrita estandarizada dividida en tres tipos de contenidos: Matemáticas, Biología y Ciencias Sociales y Cultura.

El ingreso a las universidades públicas, que eran la mayoría, y las universidades privadas, que eran solo 3 (Pontificia Universidad Católica, Universidad Federico Santa María y Universidad de Concepción), era completamente gratuito para los estudiantes.  El estudiante que ingresaba a la universidad, a cualquier universidad en Chile,  no pagaba nada ni como matrícula ni mensualidades.

No está demás recordar entonces, que las universidades privadas en Chile como la Universidad Católica, la Federico Santa María y la Universidad de Concepción, eran gratuitas para los estudiantes, hasta 1973.

Educación superior pública, gratuita y de calidad.

“Necesitamos una fuerte movilización social que incida en la Reforma Educacional” – Camila Vallejos -Claves Magazine

La ex líder estudiantil dijo que se requieren propuestas para evitar que los cambios terminen “en una cocina en el Senado”. Explicó que parte de las demandas sociales ya han sido legisladas, pero aún no se implementan completamente señaló en entrevista a La Tercera.

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Por Flor Guzmán C

———-Hoy se llevó a cabo la marcha de la CUT, a la que también se plegaron profesores y estudiantes. Estos últimos anunciaron una nueva “ofensiva” por la educación, lo que actualmente mantiene a más de 20 colegios en toma en algunas ciudades del país. El ambiente podría tensionarse aún más si las federaciones de estudiantes universitarios votan a favor el llamado de la Confech de sumarse a un paro nacional indefinido a partir de mañana. Con esta estrategia los actores sociales buscan trasladar la discusión a las calles, tal como ocurrió en 2011, con los universitarios, y en 2006 con la “revolución pingüina”. Desde del oficialismo y en su actual condición de diputada del PC, la ex presidenta de la Fech, Camila Vallejo, valora la reacción del movimiento estudiantil y destaca la fuerza de sus demandas. “Me parece legítimo que los estudiantes, de manera organizada, luchen por las causas que consideran que son justas y que son necesarias para mejorar la educación pública”.

Los estudiantes dicen presionar por demandas que no han sido consideradas y anuncian un paro indefinido, ¿cómo evalúa esto?

Este es un desafío país y me parece que así lo entienden, porque viven la educación pública en su interior y saben que necesitan una nueva estructura de financiamiento. Por lo tanto, es importante que el gobierno vaya concretando mucho más esto, que hasta el momento ha sido un espacio para estudiar un nuevo mecanismo de financiamiento. En cuanto a la movilización, sus fórmulas ya son conocidas y me parece que el objetivo que buscan todos lo compartimos.

¿Cree que aún hay muchas demandas estudiantiles que no han sido concretadas, no sólo en educación superior, sino en escolar y otras materias?

Hay muchas demandas que ya han sido legisladas, pero todavía no se implementan. Entonces queda la sensación de que no se está cumpliendo, porque muchas empiezan implementarse el próximo año, unas cuantas se han implementado este 2016 y quedan obviamente temas pendientes. Uno de los principales aspectos pendientes es toda la reforma a la educación superior y, además, desmunicipalización y el cambio al financiamiento de la educación escolar. Temas pendientes que tienen que cumplirse en este período de gobierno. Ahora, la sensación de no avance puede también deberse a la  gradualidad y los tiempos que requieren los cambios. Hay modificaciones que son mucho más estructurales y que van a tener que ir un poco más lento con la implementación.

¿Cree que el movimiento estudiantil tomará un giro como el de 2011, aumente su fuerza y se extiendan las tomas y paros?

Creo que necesitamos una fuerte movilización social en esta materia, que logre incidir y establecer los marcos de lo que debiese ser la discusión de la reforma educacional, para que no termine en una cocina en el Senado. El rol del movimiento social es muy importante. No solamente por el hecho de manifestarse, sino de recordar por qué estamos luchando y por qué estamos debatiendo lo que se debate hoy en materia educacional. Esto no salió por simple ocurrencia de una autoridad política, sino que salió de una demanda de las calles. Eso hay que recordarlo, pero no sólo con consignas, sino con propuestas e incidencia en el plano legislativo que nos permitan que esto no termine en una cocina o en una legitimización del actual modelo de mercado.

¿Qué le parece que se le haya dicho a los rectores que no habrá un  cambio estructural al sistema de financiamiento en la educación superior, considerando que es una de las principales demandas de académicos y estudiantes?

Pediría que (el Mineduc) esclarezca a qué se refieren con que no va a haber un cambio estructural a la política de financiamiento, porque ya se han introducido cambios al menos en el tema de financiamiento estudiantil. La Presidenta ha comprometido que la gratuidad va a ir sin créditos ni becas y hubo ya mediante Ley de Presupuestos un cambio semiestructural en esto que se tiene que profundizar con el financiamiento institucional.

¿Apostaría por cambiar el CAE y que los fondos vayan a gratuidad y aportes basales?

Hemos dicho que hay que desmercantilizar la educación e ir combatiendo esta lógica de competencia que se produce por la captación de recursos por estudiante. Esa lógica ha sido muy perversa para la educación, por lo tanto, la gratuidad requiere que no haya esta política de competencia, que sea un financiamiento directo y que esté acompañado de fondos que apunten al mejoramiento de la calidad de las instituciones. Sin esos recursos permanentes y asociados a un proyecto educativo de desarrollo país, creo que no vamos a hacer el cambio de paradigma que buscamos y no vamos a lograr desmercantilizar la educación.

¿Se puede considerar que la gratuidad sienta las bases hacia un cambio estructural?

Cuando la gratuidad empieza a asociar requisitos para su entrega a las instituciones de calidad y de compromiso con la educación y no con fines propios o de negocio, hay un cambio de lógica y de paradigma. Sí creo que tiene que ir asociado a más requisitos, como democracia interna, pluralismo y autonomía de las instituciones. También a la entrega de recursos del Estado a instituciones que si dicen tener fines públicos, entonces tienen que demostrarlo./La Tercera

Fuga hacia los extremos

En menos de 15 días se han producido dos quiebres dentro de los partidos y movimientos del espectro político chileno: la salida del movimiento Izquierda Autónoma que lideraba el diputado Gabriel Boric con 44 militantes de la IU,  y la salida del diputado Juan Antonio Kast con 30 militantes desde la UDI.

En ambos casos, se trata de un cuestionamiento a las lógicas políticas predominantes, y sobre todo, que coinciden en la pérdida de los valores y principios fundacionales de ambos actores políticos: dentro de la Izquierda Autónoma reclaman el riesgo de convertirse en un partido electorero y casi un “PPD más a la izquierda”, mientras que el diputado Kast y 30 militantes y dirigentes de la UDI se retiran del partido fundado por Jaime Guzmán…para intentar volver a los valores fundacionales de Jaime Guzmán.

El extremismo ideológico y el ultrismo semántico-que se caracteriza por el excesivo uso y abuso de fórmulas verbales resignificadas para producir un efecto social y mediático- son los riesgos constantes que enfrentan aquellos grupos políticos basados en una sola persona, dirigente o lider, dejando las decisiones colectivas fundamentales en un grupo reducido o en un líder único.

¿Cómo pasar de movimiento a partido político?

Eso no se hace de la noche a la mañana, como lo vimos en el caso del diputado Boric, que 24 horas después que Izquierda Autónoma le “quitó el piso”, apareció formando otro movimiento inmediatamente, sin ningún rasgo de autocrítica personal o grupal.   Izquierda Autónoma se quedó sin diputado, y el diputado se quedó sin Izquierda Autónoma.

La crítica a la UDI del diputado Kast tiene varias explicaciones: o se basa en el reclamo que ese partido habría perdido los valores esenciales de Jaime Guzmán producto de los numerosos casos de corrupción que tienen a toda su plana directiva en los tribunales de justicia y a su “imagen de marca” como partido por el suelo, o en el buen cálculo político de intentar una candidatura presidencial voluntarista, para evitar pasar por el trámite molesto de las primarias presidenciales.

La UDI se quedó sin un diputado, y el diputado se quedó sin la UDI.

Hay quienes ven detrás de ambas rupturas, vistosos ejercicios de egos personales arrastrando consigo a seguidores fieles.   La construcción de las alternativas supone un extenso proceso de retorno a la ciudadanía, a las bases de la sociedad civil, para intentar arraigar un partido o movimiento que dé algún respaldo a sus elaborados programas ideológicos.

La “fuga hacia los extremos” puede resultar en tratar de revalidar conceptos y experiencias sociales y políticas situadas en otro contexto histórico o en inventar fórmulas que lleguen hasta el purismo ideológico, el cual siempre choca con la conciencia social y sirve para satisfacer el entusiasmo de militantes sobreideologizados.   Algo así como situarse “verbalmente” más allá de la izquierda y en sus raíces verdaderas, o más allá de la derecha, en sus valores fundamentales.

Participación como palabra clave – Editorial de El Siglo, Santiago, 13 de mayo de 2016

Es una oportunidad de oro para las y los ciudadanos de incidir en los contenidos de lo que será la nueva Constitución y no debería ser desaprovechada.

Es evidente que la participación ciudadana es clave para el desarrollo de los encuentros locales y cabildos provinciales y regionales del proceso constituyente. Desde que se planteó el desafío de caminar hacia nueva Constitución, se enfatizó que la participación del pueblo será decisiva porque es la forma democrática y abierta de construir la Carta Magna.

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Se ha explicado que en esta fase la participación puede ser individual o colectiva y en ella pueden estar los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y estudiantes, los adultos mayores, los artistas e intelectuales, los profesionales y los indígenas, militantes de partidos políticos e integrantes de organizaciones de la sociedad civil.

Sin duda que es un esfuerzo titánico dado el universo de convocados a estos encuentros y cabildos, y dado el desafío de estar convocando a millones de personas. Es, por lo demás, un proceso que se debe desarrollar en todas las regiones y en todos los rincones de Chile, parte también del reto a asumir.

El Gobierno, el Consejo Ciudadano de Observadores, agrupaciones sociales y sindicales y también partidos políticos, están realizando un gran esfuerzo por informar respecto a este proceso y alentar a la participación. Sin embargo, lo vital es que cada chilena y cada chileno tengan la voluntad de convocarse y estar presente en los encuentros locales y en los cabildos provinciales y regionales. Es una oportunidad de oro para las y los ciudadanos de incidir en los contenidos de lo que será la nueva Constitución y no debería ser desaprovechada. Habría que decir que esto, por lo demás, tiene que ver con los derechos y los deberes cívicos de las y los habitantes del país.

En este marco, no es gratuito que algunos medios de prensa estén desarrollando una línea de desinformación, de minimización y de desprecio hacia la realización de los encuentros locales del proceso constituyente y que representantes de la derecha estén declarando que todo esto es un fracaso y cuestionan los mecanismos democráticos y de participación para llegar a una nueva Carta Fundamental.

En contraste, habría que decir que lo que está en desarrollo es un enorme esfuerzo para impulsar y consagrar la participación ciudadana, y concretar el objetivo de que por primera vez en su historia, Chile tenga una Constitución con consulta al soberano, es decir, al pueblo.

Así las cosas, se está viviendo un proceso de desafío gigante que requiere del compromiso y la participación del conjunto de la sociedad, así como del esmero democrático de las instituciones del Estado, de la sociedad civil, de las colectividades políticas e incluso de los medios de comunicación. Sin perder de vista que en este proceso, se pueden expresar libremente todas las ideas y exponer abiertamente todas las propuestas de lo que se espera sea la nueva Constitución.