Fuga hacia los extremos

En menos de 15 días se han producido dos quiebres dentro de los partidos y movimientos del espectro político chileno: la salida del movimiento Izquierda Autónoma que lideraba el diputado Gabriel Boric con 44 militantes de la IU,  y la salida del diputado Juan Antonio Kast con 30 militantes desde la UDI.

En ambos casos, se trata de un cuestionamiento a las lógicas políticas predominantes, y sobre todo, que coinciden en la pérdida de los valores y principios fundacionales de ambos actores políticos: dentro de la Izquierda Autónoma reclaman el riesgo de convertirse en un partido electorero y casi un “PPD más a la izquierda”, mientras que el diputado Kast y 30 militantes y dirigentes de la UDI se retiran del partido fundado por Jaime Guzmán…para intentar volver a los valores fundacionales de Jaime Guzmán.

El extremismo ideológico y el ultrismo semántico-que se caracteriza por el excesivo uso y abuso de fórmulas verbales resignificadas para producir un efecto social y mediático- son los riesgos constantes que enfrentan aquellos grupos políticos basados en una sola persona, dirigente o lider, dejando las decisiones colectivas fundamentales en un grupo reducido o en un líder único.

¿Cómo pasar de movimiento a partido político?

Eso no se hace de la noche a la mañana, como lo vimos en el caso del diputado Boric, que 24 horas después que Izquierda Autónoma le “quitó el piso”, apareció formando otro movimiento inmediatamente, sin ningún rasgo de autocrítica personal o grupal.   Izquierda Autónoma se quedó sin diputado, y el diputado se quedó sin Izquierda Autónoma.

La crítica a la UDI del diputado Kast tiene varias explicaciones: o se basa en el reclamo que ese partido habría perdido los valores esenciales de Jaime Guzmán producto de los numerosos casos de corrupción que tienen a toda su plana directiva en los tribunales de justicia y a su “imagen de marca” como partido por el suelo, o en el buen cálculo político de intentar una candidatura presidencial voluntarista, para evitar pasar por el trámite molesto de las primarias presidenciales.

La UDI se quedó sin un diputado, y el diputado se quedó sin la UDI.

Hay quienes ven detrás de ambas rupturas, vistosos ejercicios de egos personales arrastrando consigo a seguidores fieles.   La construcción de las alternativas supone un extenso proceso de retorno a la ciudadanía, a las bases de la sociedad civil, para intentar arraigar un partido o movimiento que dé algún respaldo a sus elaborados programas ideológicos.

La “fuga hacia los extremos” puede resultar en tratar de revalidar conceptos y experiencias sociales y políticas situadas en otro contexto histórico o en inventar fórmulas que lleguen hasta el purismo ideológico, el cual siempre choca con la conciencia social y sirve para satisfacer el entusiasmo de militantes sobreideologizados.   Algo así como situarse “verbalmente” más allá de la izquierda y en sus raíces verdaderas, o más allá de la derecha, en sus valores fundamentales.

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