El problema ideológico y valórico del golpe de Estado

En el debate teórico y político acerca de la democracia y de las vías para su fortalecimiento y profundización, el problema de la participación y de las nuevas formas de ciudadanía, pone el acento en los cambios socio-culturales en curso y se centra en el involucramiento de la ciudadanía en la toma de decisiones de las instituciones de la república democrática.

Pero, cuando las instituciones de la democracia son amenazadas por el fantasma de la desestabilización, surge el espectro del golpe de Estado como mecanismo de asalto y socavamiento a las instituciones y de destrucción de  la democracia mediante el uso político de la fuerza militar institucional.  En América Latina, como una historia contínua y constante desde mediados del siglo XIX, se han discernido (Samuel Hungtington) a lo menos tres ciclos de golpismo y de golpes de Estado, dos de los cuales han ocurrido en los años 30  y en los años setenta del siglo XX, aunque por causas coyunturales diferentes.

El golpe de Estado resulta ser un viejo conocido en América Latina, tan conocido y recurrente que hay muy pocos partidos políticos latinoamericanos que no hayan  flirteado con el golpismo en algún momento de su historia.

Por cierto que gran parte de los partidos y movimientos liberales y conservadores de América Latina han sido fieles seguidores y acérrimos defensores del golpe de Estado como fórmula recurrente para derrumbar a gobiernos de izquierda, progresistas o socialistas, cada vez que esos gobiernos no han sido sometidos a los intereses nacionales de ese sector social o de la potencia imperial estadounidense.  Mas allá de sus declaraciones de principios, también una amplia gama de partidos de derecha, de centro y hasta socialdemócratas, en algún momento de su historia y de la coyuntura política nacional han sido partidarios del golpismo (abierto, directo o por mano interpósita) cada vez que los adversarios en el poder no han sido fieles seguidores de la receta de las potencias dominantes.

No olvidamos tampoco que el golpismo latinoamericano ha tenido profundos lazos doctrinales e ideológicos de vinculación con el fascismo.

En materia de golpes de Estado en América Latina no está dicha la ultima palabra, porque incluso esta parte del mundo ha acuñado recientemente como en Honduras y Paraguay ¨novedosas¨ fórmulas de golpe de Estado “blando¨, donde se ha recurrido a los propios instrumentos constitucionales para derribar (o reemplazar) gobiernos de orientación progresista, escamoteando descaradamente la soberanía popular expresada mediante el sufragio universal.

En el caso de Venezuela, el recurso al golpe de Estado, fue ensayado por una coalición de partidos de derecha y de centro y de organizaciones empresariales en 2002 en contra del Presidente constitucional Hugo Chavez, pero como Chavez era un gobernante con un proyecto político de izquierda, portador de un movimiento y de un proceso de cambios abiertamente socialista, evidentemente que la tentativa golpista estaba ¨perfectamente justificada¨ por sus autores e instigadores.

Pero la aventura golpista fracasó porque el pueblo venezolano se movilizó masivamente para impedirla.

El caso del golpe de Estado en 2002 en Venezuela contra el Presidente Hugo Chavez es paradigmático, a la hora de dilucidar la problemática ética e ideológica del asunto, en la medida en que el golpe de Estado es una medida de fuerza que traduce y acentúa un quiebre institucional y una brecha social y política insalvable dentro del escenario político: cuando se recurre al golpe de Estado se está declarando abiertamente que no se adhiere a las formas democráticas del Estado de Derecho, sino que se hace uso de un procedimiento extra-institucional precisamente para romper ese Estado de Derecho.

Los partidarios del golpe de Estado son enemigos del Estado de Derecho.

Caben entonces algunas interrogaciones políticas y valóricas: en qué circunstancias está justificado el golpe de Estado?  es el golpe de Estado un mecanismo éticamente válido para reemplazar a un gobierno democrático elegido por la ciudadanía, pero que no es del agrado de un sector social y político?   Si el golpismo está justificado en un país, lo estaría también en algún otro país?

Culaes son los límites éticos para el problema del golpe de Estado?  Lo condenamos siempre y en toda circunstancia de un gobierno democrático y de un Estado de Derecho, o dejamos abierta la puerta para que ese gobierno pueda ser objeto de una tentativa golpista de desestabilización e ingobernabilidad?

Dada la dolorosa experiencia histórica de la mayor parte de los países de América Latina durante el siglo XX, nadie puede hoy negar que el golpe de Estado es la más violenta y destructiva forma de violación masiva de los derechos humanos.

Manuel Luis Rodríguez U.

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