Reflexiones de un joven para la elección de una profesión – Carlos Marx

La naturaleza, en sí misma, ha determinado la esfera de la actividad en la que el animal debe moverse, y lo hace pacíficamente dentro de esa esfera, sin intentar ir más allá de ella, sin tener incluso una noción de cualquier otro campo. Al hombre, también, la Deidad dio un objetivo general: el de ennoblecerse así mismo y a la humanidad, pero Él lo dejó buscar la manera de lograr este objetivo; Él lo dejó elegir la posición social que más le satisfizo, de la cual puede fortalecerse así mismo y a la sociedad.

Esta elección es un gran privilegio del hombre sobre el resto de la creación, pero al mismo tiempo es un acto que puede destruir su vida entera, frustra todos sus planes, y lo hace infeliz. Por consiguiente, considerar seriamente esta elección es ciertamente el primer deber de un joven que está empezando su carrera y no quiere dejar sus asuntos más importantes para arriesgarse.

Todos tenemos un objetivo, que nos parece grande; y, realmente, para la convicción más profunda, es así, la más profunda voz del corazón lo declara de esta manera, la Deidad nunca deja al hombre mortal totalmente sin una guía; él habla suavemente pero con certeza.

Pero esta voz puede ahogarse fácilmente, y lo que nosotros tomamos como inspiración puede ser el producto del momento, que quizás también puede destruirse por otro. Nuestra imaginación, quizás, está en el fuego, nuestras emociones agitadas, los fantasmas revolotean ante nuestros ojos, y nos zambullimos precipitadamente en lo que nuestro impetuoso instinto sugiere, qué llegamos a imaginamos que la Deidad nos ha señalado. Pero lo que nosotros abrazamos ardientemente pronto nos rechaza y ahí vemos nuestra existencia entera en las ruinas.

Debemos examinar, por consiguiente, seriamente, si realmente hemos estado inspirados al escoger nuestra profesión, si una voz interna lo aprueba; o, si esta es un engaño, y lo que nosotros tomamos como un llamado de la Deidad fue una autodecepción. ¿Pero, cómo podemos reconocer esto, sino rastreando la fuente de la propia inspiración?

Respecto al ímpetu, este promueve la ambición, y puede fácilmente produce la inspiración, o lo que nosotros tomamos por inspiración; pero la razón no puede refrenar al hombre que es tentado por el demonio de la ambición, y se zambulle precipitadamente zambulle precipitadamente en lo que sus impetuosos instintos le sugieren: él ya no escoge su posición en la vida, ahora esta es tomada por casualidad e ilusión.

No somos llamados para adoptar la posición que nos ofrece las oportunidades más brillantes; quizás no es lo que, en la larga serie de años, podamos sostenerlo, nunca nos cansaremos, ni se diluirá nuestra pasión, nunca permitamos que nuestro entusiasmo crezca impersonalmente, excepto si vemos nuestros deseos incumplidos, nuestras ideas insatisfechas y debamos “descubrirnos” contra la Deidad y la maldición de la humanidad.

Pero no sólo es la ambición la que puede despertar el entusiasmo súbito por una profesión particular; quizás pudimos haberla embellecido en nuestra imaginación, para hacerla parecer lo más alto que la vida puede ofrecer. No hemos analizado, ni considerado la carga entera, la gran responsabilidad que se impone en nosotros; sólo lo hemos visto a distancia, y la distancia es engañosa.

Nuestra propia razón no puede aconsejarnos; para esta, la decisión no se apoya por la experiencia ni por la observación profunda, se engaña por la emoción y se deslumbra por la fantasía. ¿Entonces a quién debemos volver nuestros ojos? ¿Quién debe apoyarnos dónde nuestra razón nos desampara?

Nuestro corazón dice: Nuestros padres, que han recorrido el camino de vida y han experimentado la severidad del destino.

Y si nuestro entusiasmo todavía persiste, si continuamos amando una profesión y creemos su llamado después de haberla examinado a sangre fría, después de percibir sus cargas y dificultades, entonces debemos adoptarla, entonces nadie hará que nuestro entusiasmo nos engañe ni que la impaciencia nos lleve lejos.

Mas no siempre podemos lograr la posición a la cual creemos que somos llamados, nuestras relaciones en la sociedad están relativamente preestablecidas antes de que estemos en una posición de determinarlas.

Nuestra constitución física es a menudo un obstáculo amenazante, y no permite a nadie mofarse de sus derechos. Es verdad que podemos subir sobre esta; pero entonces nuestra caída es la más rápida de todas, de ahí que somos aventurados en construir sobre las ruinas desmenuzadas, entonces nuestra vida entera es un forcejeo infeliz entre los principios mentales y corporales. Pero aquél, que es incapaz de reconciliar sus internos elementos en pugna, ¿cómo puede resistir la tensión tempestuosa de vida, cómo podría actuar serenamente? Y es exclusivamente desde la calma que esos grandes y finos hechos pueden surgir; es el único terreno en el que las frutas maduras se desarrollan con éxito.

Aunque no podamos trabajar de largo, y casi nunca de buena gana con una constitución física que no se satisface a nuestra profesión, el pensamiento, no obstante, surge del sacrificio de nuestro bienestar ante el deber, actúa vigorosamente aunque seamos débiles. Pero si hemos escogido una profesión para la que no poseemos el talento, nunca podremos ejercerla merecidamente, comprenderemos pronto, con vergüenza, nuestra propia incapacidad y decimos que somos seres creados inútiles, los miembros de la sociedad, incapaces de cumplir su vocación. Entonces la consecuencia más natural es el desprecio de sí mismo, y qué es más doloroso, que el sentirse por todos como el menos capaz de lo que el mundo exterior puede ofrecer. El desprecio de sí mismo es una serpiente que en la vida roe el pecho de uno, a la vez que chupa la sangre de la vida del corazón y lo mezcla con el veneno de misantropía y desesperación.

Una ilusión sobre nuestro talento, para una profesión a la cual hemos examinado estrechamente, es una falta que toma su venganza sobre nosotros mismos, y aun si no se encuentra con la censura del mundo externo, que da lugar al dolor más terrible que puede infligir en en nuestros corazones.

Si hemos considerado todo esto, y si las condiciones de nuestra vida nos permiten escoger cualquier profesión que nos guste, podemos adoptar lo que nos asegura el valor más grande: aquel que está basado en las ideas de cuya verdad nos convencen completamente, que nos ofrece el alcance más amplio para trabajar para la humanidad y para nosotrosmismos, para acercarse más al objetivo general para la que cada profesión es un medio: la perfección.

El mayor mérito de un hombre es aquel que da una gran nobleza a sus acciones y a todos sus logros, que lo hacen invulnerable, admirado por la muchedumbre y que lo elevó anteriormente.

Pero el mérito solo puede asegurarse por una profesión en la que no seamos herramientas serviles, en la cual actuemos independientemente en nuestra propia esfera. Sólo puede asegurarse por una profesión que no exija actos reprensibles, ainclusive aquellos reprensibles solo en su apariencia exterior, una profesión que los mejores pueden seguir con noble orgullo. Una profesión que asegure esto en el más gran grado no siempre es la mejor, pero siempre será la preferida.

Pero así como una profesión que no nos da ninguna seguridad de su mérito nos degrada, debemos ciertamente sucumbir bajo las cargas de quien se ha basado en ideas que las reconoceremos posteriormente como falsas.

Casi no tenemos ningún recurso para la autodecepción, ¡y lo que una salvación desesperada es aquella que se obtiene por la traición de sí mismo!

Esas profesiones que no son tan envueltas en la vida misma concernientes con las verdades abstractas son las más peligrosos para el joven cuyos principios no son todavía firmes y cuyas convicciones no son todavía fuertes e inflexibles. Al mismo tiempo estas profesiones pueden parecer ser las más excelsas si han sido tomadas de raíz en nuestros corazones y si somos capaces de sacrificar nuestras vidas y todos los logros por los ideales que aspiramos en ellos.

Ellas pueden dar felicidad al hombre que tiene una vocación para estas, mas destruyen a quién los adopta imprudentemente, sin reflexión, rindiéndose al impulso del momento.

Por otro lado, tenemos más consideración en las ideas que basan nuestra profesión en darnos un alto status en la sociedad, refuerzar nuestro propio mérito, y hace nuestras acciones indiscutibles

Uno que escoja una profesión que valore favorablemente, se estremecerá a la idea de ser indigno de ella; solo actuará noblemente si su posición social es la de un noble.

Mas la guía principal que debe dirigirnos en la elección de una carrera es el bienestar de la humanidad y nuestra propia perfección. No debe pensarse que estos dos intereses pudieran estar en conflicto, que uno tendría que destruir el otro; al contrario, la naturaleza de hombre está constituída de tal modo que solo puede lograr su propia perfección trabajando para la perfección, para el bien de sus semejantes.

Si uno solo trabaja para sí mismo, quizás puede volverse un famoso del aprendizaje, un gran sabio, un poeta excelente, pero nunca puede ser perfecto, verdaderamente grande.

La historia llama a esos hombres los más grandes, los que se han ennoblecido trabajando por el bien común; la experiencia aclama como el más feliz a quien ha hecho el más grande número de la personas felices; la religión misma nos enseña que el ideal de vida por quienes todos se esfuerzan por copiar se sacrificó por causa de la humanidad, ¿y quién se atrevería a poner al nada los tales juicios?

Si en la vida hemos escogido la posición desde la cual podemos trabajar más por la humanidad, ninguna carga nos puede doblegar, porque son sacrificios en beneficio de todos; entonces experimentaremos una no pequeña, limitada, egoísta alegría, pero nuestra felicidad pertenecerá a millones, nuestros hechos se vivirán calladamente, pero por siempre por el trabajo, y sobre nuestras cenizas se verterán las ardientes lágrimas de la gente noble.

Marx

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REFLEXIONES DE UN JOVEN PARA LA ELECCIÓN DE SU PROFESIÓN – es un ensayo escrito por Marx para los exámenes escolares en El Gimnasium Real Frederick William III en Tréveris, en agosto de 1835. Solo siete páginas del examen de Marx se han conservado. El ensayo antedicho, para la elección del escritor, un ensayo en latín sobre el reino de Augusto y un ensayo religioso, un latín inadvertido, una traducción del griego, una traducción en francés, y un folio sobre matemáticas (todos publicados en Marx/Engels, Historisch-Kritische Gesamtausgabe, Erste Abteilung, Atan 1, Zweiter Halbband, Berlín, 1929, S. 164-82).

En el original hay numerosas acotaciones, presumiblemente hechas por el maestro de historia y filosofía, el entonces director de colegio del gimnasio, Johann Hugo Wyttenbach, que no se reproducen en la edición presente. Él también hizo el comentario siguiente: “Bastante bueno. El ensayo es marcado por una riqueza de pensamiento y una narración sistematizada buena. Pero generalmente el autor aquí ha cometido mucho un error ‘peculiarmente busca expresiones pintorescas detalladas para la elaboración. Por consiguiente muchos pasajes subrayan la falta la claridad necesaria y de definición; y, a menudo, la precisión en las expresiones separadas así como en los párrafos enteros”.  En inglés, este ensayo se publicó en 1961 en los Estados Unidos, en el periódico The New Scholasticism, Vol. XXXV, No. 2, Baltimore-Washington, el pp. 197-20 1, y en las Writings of the Young Marx on Philosophy and Society, Garden City, Nueva York, 1967, el pp. 35-39.

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21 de febrero de 1848: se publica el Manifiesto Comunista

Probablemente es el texto político más leído en la Historia de la Humanidad.

En 1842, a la edad de 24 años, Marx dirigía un periódico llamado la Gaceta Renana (Rheinische Zeitung), que se editaba en la ciudad de Colonia. Friedrich Engels, hijo de una acaudalada familia de industriales, tenía entonces 22 años y enviaba colaboraciones desinteresadas a este periódico. Por aquellas fechas, la familia de Engels decidió enviarle a estudiar y a dirigir los negocios familiares a la ciudad inglesa de Mánchester, que era entonces el centro del sistema capitalista mundial. Aprovechando el viaje, Federico Engels pasó por Colonia en septiembre de 1842, pero Marx casi no le atendió, ya que sospechaba que sus desinteresados artículos y su presencia en el diario eran una maniobra de la policía para infiltrar un espía en la redacción. Federico Engels siguió camino de Manchester, desde donde continuó enviando colaboraciones, hasta que el gobierno prohibió la publicación de La Gaceta Renana.

Marx se fue a vivir a Paris, y ambos, uno en Gran Bretaña y el otro en Francia, tomaron contacto con una organización obrera secreta llamada La Liga de los Justos. Engels, a su regreso hacia Alemania, pasó por la capital francesa en 1844 para visitar a Marx, quién ya se había convencido de que Engels no era ningún espía de la policía.

En París comprobaron que habían llegado de forma independiente a las mismas conclusiones teóricas. Deseando difundir sus ideas entre los obreros, decidieron explicar sus puntos de vista a los miembros de la Liga de los Justos. A principios del año 1847, un representante de la Liga  de los Justos les indicó que casi todos los miembros de la organización estaban convencidos de que sus planteamientos teóricos eran correctos, y les pidió que ingresaran en esta para defenderlos ellos mismos en el próximo congreso. La liga aprobó los planteamientos políticos de Marx y de Engels, y pasó a llamarse la Liga de los Comunistas, la primera organización marxista. Asimismo, se encargó a Marx y a Engels que redactaran un manifiesto que contuviera las principales ideas comunistas adoptadas por la liga. Engels empezó el trabajo con una obra en forma de catecismo, titulada Principios del Comunismo pero este trabajo fue abandonado posteriormente. Marx y Engels, ayudados por Jenny Von Westphalen, la esposa de Marx, consiguieron dar a la imprenta El Manifiesto Comunista en febrero de 1848, exponiendo por primera vez al público el pensamiento de Marx y Engels de forma escrita.

Aquí descargue texto:

Marx, Karl – Manifiesto comunista

Lea aquí también mi ensayo: ¨La estatua de Karl Marx¨:

LA ESTATUA DE KARL MARX

Communist-manifesto

Nadezhda Krupskaya: Los días de Octubre – Notas historicas de la compañera de Lenin sobre la Revolución de octubre de 1917

La toma del Poder en Octubre fue meditada y preparada minuciosamente por el partido del proletariado, por el Partido bolchevique. En el mes de julio empezó espontáneamente la insurrección11 Se refiere a la manifestación espontánea de medio millón de obreros y soldados de Petrogrado celebrada el 3-4 (16-17) de julio contra el Gobierno provisional que amenazaba transformarse en insurrección armada. La manifestación transcurría bajo la consigna “¡Todo el Poder a los Soviets!” Los bolcheviques, que consideraban prematuro todavía el momento de la insurrección encabezaron la manifestación y le dieron un carácter pacífico y organizado. Par orden del Gobierno provisional el 4 (17) de julio se abrió fuego contra la manifestación. Los periódicos bolcheviques Pravda, Soldátskaia Pravda y otros fueron suspendidos. Diose comienzo a las represiones en masa contra los bolcheviques y los soldados que participaron en la manifestación. El Partido bolchevique pasó a la clandestinidad y comenzó a prepararse para la insurrección armada.

Más el Partido consideraba esta insurrección prematura y conservó toda su serenidad de pensamiento. Había que mirar a la verdad a los ojos Las masas no estaban preparadas todavía para la revolución. El Comité Central decidió diferirla. Para los bolcheviques era muy difícil contener a los rebeldes, a aquellos que ardían en deseos de lanzarse al combate. Pero cumplieron con su deber, pues comprendían la enorme importancia que tenía la elección del momento propicio para la insurrección.

Pasó un par de meses y cambió la situación. Ilich, que se veía forzado a ocultarse en Finlandia, escribió una carta al Comité Central, al Comité del Partido de Petrogrado y al de Moscú entre el 12 y el 14 de septiembre: “Habiendo obtenido la mayoría de votos en los Soviets de Diputados Obreros y Soldados de las dos capitales, los bolcheviques pueden y deben tomar el Poder en sus manos”. Y más adelante demuestra por qué había que tomar el Poder precisamente entonces. Se preparaba la entrega de Petrogrado, con lo que disminuirían las probabilidades de victoria. Perfilábase una paz por separado de los imperialistas ingleses y alemanes. “Ofrecer precisamente ahora la paz a los pueblos significa vencer”,[1] escribía Ilich.

En la carta al Comité Central habla detalladamente cómo determinar el momento de la insurrección y cómo pararla: “Para poder triunfar, la insurrección no debe apoyarse en una conjuración, en un partido, sino en la clase más avanzada. Esto, en primer lugar. En segundo lugar, debe apoyarse en el auge revolucionario del pueblo. Y en tercer lugar, la insurrección debe apoyarse en aquel momento de viraje radical en la historia de la revolución ascensional en que la actividad de la vanguardia del pueblo sea mayor, en que mayores sean las vacilaciones en filas de las enemigos y en las filas de los amigos débiles, a medias, indecisos, de la revolución”.[2]

Al final de la carta, Ilich indicaba qué era lo que se debía hacer para abordar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte: “Y para considerar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte, es necesario que al mismo tiempo, sin perder un minuto, organicemos un Estado Mayor de los destacamentos de la insurrección, distribuyamos las fuerzas, lancemos los regimientos de confianza contra los puntos más importantes, cerquemos el Teatro Alejandro[3], y tomemos la fortaleza de Pedro y Pablo, detengamos al Estado Mayor central y al Gobierno, enviemos contra los alumnos de las escuelas militares y contra la “división salvaje” tropas dispuestas a morir antes de dejar que el enemigo se abra paso hacia los puntos centrales de la ciudad; es preciso que movilicemos a los obreros armados, dirigiéndoles un llamamiento para que se lancen a una lucha desesperada, a la lucha final; es necesario que ocupemos inmediatamente las Centrales de Teléfonos y de Telégrafos, que instalemos nuestro Estado Mayor de la insurrección cerca de la Central de Teléfonos y poner en contacto telefónico con él a todas las fábricas, todos los regimientos y todos los puntos de la lucha armada, etc.

Todo esto, naturalmente, como simple orientación, como ejemplo de que en los momentos actuales no se puede ser fiel al marxismo, a la revolución, sin considerar la insurrección como un arte”.[4]

A Ilich le preocupaba extraordinariamente que se desaprovechase el momento oportuno para la insurrección mientras él estaba en Finlandia. El 7 de octubre escribió a la Conferencia local de Petrogrado; escribió también al Comité Central, al Comité del Partido de Petrogrado y al de Moscú y a los miembros bolcheviques de los Soviets de ambas capitales. El día 8 envió una carta a los camaradas bolcheviques que participaban en el Comité regional de los Soviets de la región del Norte, y como se hallara preocupado por la suerte de esa carta, se presentó al día siguiente en Petrogrado, alojándose ilegalmente en la barriada de Víborg, y desde allí dirigió los preparativos de la insurrección.

Durante el último mes, Lenin vivió entregado por completo a la idea de la insurrección, no pensaba en otra cosa Y contagiaba a los camaradas su estado de ánimo y su convicción.

La última carta de Ilich a los bolcheviques que participaban en el Congreso regional de las Soviets de la región del Norte, escrita desde Finlandia, tiene una importancia excepcional.   Decía así:

“… Pero la insurrección armada es un aspecto especial de la lucha política, sometida a leyes especiales, que deben ser profundamente analizadas. Carlos Marx expresó esta verdad de un modo muy tangible al escribir que ‘la insurrección armada es, como la guerra, un arte’.

“Marx destaca entre las reglas más importantes de este arte las siguientes:

“1. No jugar nunca a la insurrección y, una vez empezada, saber firmemente que hay que llevarla a término.

“2. Hay que concentrar en el lugar y en el momento decisivo fuerzas muy superiores a las del enemigo; de lo contrario, éste, mejor preparado y organizado, aniquilará a los insurrectos.

“3. Una vez empezada la insurrección, hay que proceder con la mayor decisión y pasar forzosa e infaliblemente a la ofensiva. ‘La defensiva es la muerte de la insurrección armada’.

“4. Hay que esforzarse por sorprender al enemigo desprevenido, aprovechar el momento en que sus tropas se hallen dispersas.

“5. Hay que esforzarse par obtener éxitos diarios, aunque sean pequeños (incluso podría decirse que a cada hora, si se trata de una sola ciudad), manteniendo a toda costa la ‘superioridad moral’.

“Marx resume las enseñanzas de todas las revoluciones en lo que a la insurrección armada se refiere, citando las palabras de Dantón, ‘el más grande maestro de táctica revolucionaria que conoce la historia: audacia, audacia y siempre audacia’.

“Aplicado a Rusia y al mes de octubre de 1917, esto quiere decir: ofensiva simultánea, y lo más súbita y rápida posible, sobre Petrogrado, ofensiva que deberá partir indefectiblemente de fuera y de dentro, de los barrios obreros, de Finlandia, de Revel, de Cronstadt, ofensiva de toda la escuadra y concentración de una superioridad gigantesca de fuerzas contra 15.000 ó 20.000 hombres (quizá más), de nuestra ‘guardia burguesa’ (los alumnos de las escuelas militares), contra las tropas de nuestra ‘Vendée’ (una parte de los cosacos), etc.

“Combinar nuestras tres fuerzas principales, la escuadra, los obreros y las unidades militares, de tal moda que por encima de todo podamos ocupar y conservar cualquiera que sea el número de bajas que nos cueste: a) la Central de Teléfonos; b) la Central de Telégrafos; c) las estaciones ferroviarias, y d) los puentes, en primer término.

“Seleccionar a los elementos más decididos (nuestras ‘tropas de choque’ y la juventud obrera, así como a los mejores marineros) y formar con ellos pequeños destacamentos destinados a ocupar los puntos más importantes y a participar en todos los sitios en las operaciones de más importancia, como por ejemplo:

“Cercar y aislar a Petrogrado, apoderarse de la ciudad mediante un ataque combinado de la escuadra, de los obreros y las tropas: he aquí una misión que requiere habilidad y triple audacia.

“Formar con los mejores elementos obreros destacamentos armados de fusiles y granadas de mano para atacar y cercar los ‘centros’ del enemigo (escuelas militares, Centrales de Telégrafos y Teléfonos, etc.) . La consigna de estos destacamentos debe ser: ‘antes perecer todos que dejar pasar al enemigo’.

“Hay que confiar, en que, si se acuerda la insurrección, los jefes aplicarán con éxito los grandes preceptos de Dantón y Marx.

“El triunfo de la revolución rusa y de la revolución mundial depende de dos o tres días de lucha”[5]

Esta carta fue escrita el 21 (8), y el 22 (9) Ilich estaba ya en Petrogrado; al siguiente día se celebró una reunión del Comité Central, en la que se aprobó la resolución, propuesta por él, de ir a la insurrección. Zinóviev y Kámenev se opusieron y exigieron que se convocara un pleno extraordinario del C.C. Kámenev declaró demostrativamente que se salía del C.C. Lenin pidió que se adoptasen contra ellos las sanciones de Partido más severas.

Derrotadas las tendencias oportunistas, se intensificó la labor de preparación de la insurrección. El 26 (13) de octubre, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado tomó la resolución de formar el Comité Militar Revolucionario. El 29 (16) se celebró una reunión ampliada del C.C. con representantes de las organizaciones del Partido. Aquel mismo día, en la reunión del C.C. se eligió el centro militar-revolucionario encargado de la dirección práctica de la insurrección, integrado por los camaradas Stalin, Sverdlov, Dzerzhinski y otros.

El día 30 (17), el proyecto de organización del Comité Militar Revolucionario fue aprobado no solo por el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, sino por el Soviet en pleno. Cinco días después, en una reunión de comités de regimiento se reconoció al Comité Militar Revolucionario de Petrogrado órgano dirigente de las unidades militares de Petrogrado y se mandó desobedecer las órdenes del Estado Mayor que no fuesen refrendadas con la firma del Comité Militar Revolucionario.

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Comunistas venezolanos solidarizan con el gobierno del Presidente Maduro

FRENTE A LA CONSPIRACIÓN FASCISTA  ¡LA MÁS FÉRREA UNIDAD CLASISTA Y POPULAR!
 
El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Venezuela (PCV), reitera públicamente que la activación de núcleos fascistas en nuestro país y la ofensiva de las transnacionales de la comunicación responden a los intereses internacionales del imperialismo estadounidense, que conspira permanentemente en contra del proceso de cambios que está construyendo el pueblo venezolano.
El accionar de estos grupúsculos minoritarios, que no son representativos del conglomerado opositor, no tiene un carácter democrático ni popular, sino que pretende arrastrar a nuestra patria a una situación de ingobernabilidad mediante las güarimbas, el vandalismo, el terror, el amedrentamiento y la muerte de inocentes.
Por ello, el PCV ratifica su más firme respaldo al Gobierno nacional, encabezado por el compatriota presidente Nicolás Maduro, en la defensa de la soberanía, la independencia y la libre autodeterminación de nuestro pueblo, y expresa su compromiso de dar los combates necesarios en las calles y los centros de trabajo para aislar, debilitar y derrotar la conspiración fascista y consolidar las bases para la profundización revolucionaria.
El llamado del PCV es a responder las acciones de la derecha pro-imperialista con la más férrea unidad clasista y popular, sin prepotencia, sin hegemonismos, sin imposiciones unilaterales y sin artificiales unanimidades; entendiendo y asumiendo que hay realidades objetivas que están favoreciendo socialmente la aventura fascistoide.
Es en este contexto, que en el PCV decidimos participar y sumarnos a la convocatoria para la movilización a la que llamó el presidente Maduro para este martes 18 de febrero, en el marco de la firma de la Convención Colectiva Petrolera 2013-2015, a pesar de las críticas que hicimos y sostenemos sobre la exclusión que realizó la cúpula de la FUTPV contra sindicatos petroleros legal y legítimamente constituidos, lo cual fue denunciado sin respuesta ante el Mintrass.
El PCV, cercano a cumplir 83 años de lucha consecuente junto al pueblo venezolano, es una organización revolucionaria, autónoma, crítica y propositiva, por lo que expresa que seguirá acompañando e impulsando el sindicalismo clasista, el fortalecimiento del movimiento obrero, la defensa de los derechos de las y los trabajadores desde posiciones de clase, y la unidad política y orgánica genuinamente revolucionaria para una nueva correlación de fuerzas que abra el verdadero rumbo socialista.
Buró Político del Comité Central
 
PARTIDO COMUNISTA DE VENEZUELA – PCV
 
Caracas, 17 de febrero de 2014.