A propósito de Lincoln: carta de Carlos Marx a Abraham Lincoln en 1864

El “Mensaje” de la Asociación Internacional de Trabajadores a A. Lincoln, Presidente de los EE.UU. de noviembre de 1864, con motivo de su segunda elección al cargo de Presidente, fue escrito por  Karl Marx de acuerdo con la decisión del Consejo General, en el momento más álgido de la guerra civil esclavista de los EE.UU.

He aquí el texto de dicho mensaje:

Muy señor mío:

Saludamos al pueblo americano con motivo de la reelección de Ud. por una gran mayoría.

Si bien la consigna moderada de su primera elección era la resistencia frente al poderío de los esclavistas, el triunfante grito de guerra de su reelección es: ¡muera el esclavismo!

Desde el comienzo de la titánica batalla en América, los obreros de Europa han sentido instintivamente que los destinos de su clase estaban ligados a la bandera estrellada. ¿Acaso la lucha por los territorios que dio comienzo a esta dura epopeya no debía decidir si el suelo virgen de los infinitos espacios sería ofrecido al trabajo del colono o deshonrado por el paso del capataz de esclavos?

Cuando la oligarquía de 300.000 esclavistas se abrevió por vez primera en los anales del mundo a escribir la palabara «esclavitud» en la bandera de una rebelión armada, cuando en los mismos lugares en que había nacido por primera vez, hace cerca de cien años, la idea de una gran República Democrática, en que había sido proclamada la primera Declaración de los Derechos del Hombre [2] y se había dado el primer impulso a la revolución europea del siglo XVIII, cuando, en esos mismos lugares, la contrarrevolución se vanagloriaba con invariable perseverancia de haber acabado con las «ideas reinantes en los tiempos de la creación [19] de la constitución precedente», declarando que «la esclavitud era una institución caritativa, la única solución, en realidad, del gran problema de las relaciones entre el capital y el trabajo», y proclamaba cínicamente el derecho de propiedad sobre el hombre «piedra angular del nuevo edificio», la clase trabajadora de Europa comprendió de golpe, ya antes de que la intercesión fanática de las clases superiores en favor de los aristócratas confederados le sirviese de siniestra advertencia, que la rebelión de los esclavistas sonaría como rebato para la cruzada general de la propiedad contra el trabajo y que los destinos de los trabajadores, sus esperanzas en el porvenir e incluso sus conquistas pasadas se ponían en tela de juicio en esa grandiosa guerra del otro lado del Atlántico. Por eso la clase obrera soportó por doquier pacientemente las privaciones a que le había condenado la crisis del algodón [3], se opuso con entusiasmo a la intervención en favor del esclavismo que reclamaban enérgicamente los potentados, y en la mayoría de los píses de Europa derramó su parte de sangre por la causa justa.

Mientras los trabajadores, la auténtica fuerza palítica del Norte, permitían a la esclavitud denigrar su propia república, mientras ante el negro, al que compraban y vendían, sin preguntar su asenso, se pavoneaban del alto privilegio que tenía el obrero blanco de poder venderse a sí mismo y de elegirse el amo, no estaban en condiciones de lograr la verdadera libertad del trabajo ni de prestar apoyo a sus hermanos europeos en la lucha por la emancipación; pero ese obstáculo en el camino del progreso ha sido barrido por la marea sangrienta de la guerra civil [4].

Los obreros de Europa tienen la firme convicción de que, del mismo modo que la guerra de la Independencia [5] en América ha dado comienzo a una nueva era de la dominación de la burguesía, la guerra americana contra el esclavismo inaugurará la era de la dominación de la clase obrera. Ellos ven el presagio de esa época venidera en que a Abraham Lincoln, hijo honrado de la clase obrera, le ha tocado la misión de llevar a su país a través de los combates sin precedente por la liberación de una raza esclavizada y la transformación del régimen social.

 


NOTAS

[1] El “Mensaje” de la Asociación Internacional de Trabajadores a A. Lincoln, Presidente de los EE.UU., con motivo de su segunda elección al cargo de Presidente, fue escrito por Marx de acuerdo con la decisión del Consejo General. En el momento más álgido de la guerra civil de los EE.UU., este “Mensaje” tuvo mucha significación.-

[2] Trátase de la “Declaración de la independencia” adoptada el 4 de julio de 1776, en el Congreso de Filadelfia, por los delegados de 13 colonias inglesas en América del Norte. Se proclama en ella que las colonias norteamericanas se separan de Inglaterra para constituir una república independiente: los Estados Unidos de América. En dicho documento se formulan principios democrático-burgueses, como la libertad del individuo, la igualdad de los ciudadanos ante la ley, la soberanía del pueblo, etc. Sin embargo, la burguesía y los grandes propietarios de tierras norteamericanos vulneraban desde el comienzo los derechos democráticos proclamados en la Declaración, apartaban a las masas populares de la participación en la vida política y conservaron la esclavitud. Los negros, que formaban una parte considerable de la población de la república, quedaron privados de los derechos humanos elementales.

[3] La crisis del algodón fue provocada por el cese de los envíos de algodón desde América por causa del bloqueo de los Estados esclavistas meridionales por la flota del Norte durante la guerra civil. Una gran parte de la industria de tejidos de algodón de Europa estuvo paralizada, lo cual repercutió gravemente en la situación de los obreros. Pese a todas las privaciones, el proletariado europeo apoyaba resueltamente a los Estados del Norte.

[4] La guerra civil de Norteamérica (1861-1865) se libró entre los Estados industriales del Norte y los sublevados Estados esclavistas del Sur. La clase obrera se Inglaterra se opuso a la política de la burguesía nacional, que apoyaba a los plantadores esclavistas, e impidió con su acción la intervención de Inglaterra en esa contienda.

[5] La guerra de la Independencia de las colonias norteamericanas de Inglaterra (1775-1783) contra la dominación inglesa debió su origen a la aspiración de la joven nación burguesa norteamericana a la independencia y a la supresión de los obstáculos que impedían el desarrollo del capitalismo. Como resultado de la victoria de los norteamericanos se formó un Estado burgués independiente: los Estados Unidos de América.

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Fuente: http://www.marxists.org

 

Conversaciones con Maquiavelo

Tantos siglos pasados de silencio y distorsión.  Tantos años acumulados de ocultamiento y de comentarios despectivos, de burdas interpretaciones, de temor oculto.   Le temen a Maquiavelo: tanto, que se niegan a reconocer que lo leen, lo estudian y encuentran siempre razones profundas en sus perturbadoras lecciones de vida y de experiencia.

Maquiavelo el silenciado; Maquiavelo el denostado… Maquiavelo el Maldito…Niccolo Machiavelli…

Y sin embargo, el Secretario de la República florentina, silencioso y laborioso detrás de los espesos muros del Palazzo Vecchio, desde donde gobierna la Signoría, hace advertencias e imparte consejos con la simple sencillez del que posee verdades forjadas en la experiencia del acero de los cañones de la guerra y la certeza de su pluma en la política.

Entre 1498 y 1512, Niccolo Machiavelli era el secretario de confianza de la República de Florencia.

El paso del siglo XV al siglo XVI, resulta un formidable momento de cambio de época donde los reyes españoles derrotan a los musulmanes en España, el Papa reparte entre España y Portugal el inmenso territorio de América, los navegantes portugueses llegan a Asia, Hernando de Magallanes pasa del Atlántico al Pacífico, comienza el comercio de negros africanos hacia América, se fortalece el imperio árabe de Suleiman en el Mediterráneo, España y Francia se reparten Italia, Miguel Angel Buonarotti pinta el techo de la Capilla Sixtina del Vaticano, Francisco Pizarro invade y destruye el imperio inka, Hernán Cortés ocupa y destruye el imperio azteca y Lutero y Calvino inician la Reforma protestante.

Maquiavelo en pleno siglo XVI, recoge el sentimiento nacional que surge en los pueblos italianos y reclama contra las divisiones de las regiones y comarcas y asume y denuncia que una de las causas del quiebre de la unidad italiana es la existencia de los Estados pontificales, Estados políticamente organizados con ejércitos y recaudadores de impuestos para beneficio del Vaticano y su curia enriquecida y corrupta.  Cuando Maquiavelo escribe El Príncipe y éste libro se publica a principios del siglo XVI, ya América ha sido “descubierta” por los europeos, es decir, ha sido invadida y conquistada a fuerza de cañones, de alabardas, de arcabuces, de espadas y de biblias, y en poco tiempo más el oro americano [obtenido con el trabajo esclavizado de los aborígenes] llenará a raudales las tesorerías españolas, inglesas, francesas y vaticanas.

principemaquiavelo

Maquiavelo viene caminando desde hace cinco siglos por los senderos de la Política, de la Filosofía  y de la Moral y puede sentarse cualquier día en nuestra mesa, para hablar de los tiempos pasados y del tiempo futuro.

Si Nicolás Maquiavelo estuviera sentado en mi biblioteca cualquiera de estas tardes, le preguntaría ¿porqué en Política es preferible sujetarse a los hechos, a los fríos y duros hechos, antes que permanecer en la nebulosa de las promesas y en la fragilidad de las palabras y de los anuncios?  Y me contestaría que el fundamento de la práctica política se encuentra en la “veritá effetuale”, es decir que son los hechos la fuente de la verdad, la verdad fáctica de los acontecimientos tal como ocurren y no como quisieramos que ocurran.

Solo cuando dejamos de lado las ilusiones de la propaganda, de la aritmética electoral y de la ingeniería política, cuando miramos más allá de los colores deslumbrantes de la publicidad y el mercadeo comunicacional y de la “política espectáculo”, entendemos con Maquiavelo que los seres humanos puestos  arriba de la escena en el teatro de la política, se comportan movidos por profundos intereses y ambiciones de poder, intereses que se traducen en definitiva en gloria, prestigio o dinero.

La política también es una puesta en escena, y cada uno de los ciudadanos sabe -o debiera saber- si dentro de este teatro de la política, está ubicado en el escenario, en la platea o en las galerías.  En este teatro de la política y como ciudadano, ¿eres espectador o eres protagonista?

Existe en el trasfondo de la obra política de Maquiavelo una cierta mirada pesimista del quehacer humano, un dejo de desesperanza frente al ser humano en el poder.  Para Maquiavelo la política es poder, siempre es poder: poder para conquistar, poder para conservar y poder para prevalecer.

Puesto en la época de cambio de época del siglo XXI, la fuerza racional de las ideas de Maquiavelo viene de su capacidad para entender la política como realmente ocurre, como se ejecuta en la práctica, y de ahí su contenido profundamente humano.  Visto con los ojos de Maquiavelo, nada hay más humano que la política. un despliegue de ambición, de intereses, de astucia y de suerte cuyo resultado es casi siempre imprevisible.

Y uno situado en el tercer milenio, tiene hoy el derecho a pensar que la mirada maquiavélica es cierta, es brutalmente real, pero no es la única manera de ver a los seres humanos y a la política.

Pero entonces, le pregunto: “¿estos intereses de poder, quieren decir que no es posible encontrar en el teatro de la política a ningún actor que se mueva impulsado por el deseo o el sentido del servicio público?”  Y me respondería que “al interior del sentido del servicio público existe siempre alguna forma de moral de la dedicación al público, a los ciudadanos, una vocación más o menos sincera de contribuir al bien público y al interés general, pero que junto a esa vocación subyace también y siempre una legitima ambición de dominio y de poder…”

La política es entonces lo que es, como fuerza y como idea puesta al servicio de la razón, como diálogo siempre posible entre dos razones distintas, como potencia puesta a disposición del poder y como poder puesto al servicio de la razón.

Los hechos son como las piedras: fríos y duros.

Manuel Luis Rodríguez U.

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