De la pulsión consumidora a la estafa crediticia

Ahora  en estos meses se llama “el escándalo de La Polar”, cuando hace pocos días atrás un Ministro de Economía displicente lo calificaba apenas de un mero “accidente”.

 Pero en medio de la vorágine mediática y de la cascada de expresiones técnicas de economistas e ingenieros comerciales, resulta claro que el corazón mismo del sistema económico neoliberal traído a Chile por los Chicago Boys en los oscuros años dictatoriales, funciona y late mediante el uso (y abuso … oh si!…) alienante, depredador y masivo del crédito.

El escándalo de La Polar, la estafa masiva de La Polar, es la demostración más brutal del fracaso del sistema neoliberal y capitalista de mercado en el Chile real de hoy.

 En una sociedad en la que el 40% de la fuerza de trabajo gana (¿o pierde?) un muy mínimo salario mínimo (hoy de $ 160.000 y “con cueva” será de $ 190.000 si la CUT lo consigue…), obviamente que una masa consumidora acosada por la “máquina de moler carne y arrastrar incautos” de los medios de comunicación masivos, solo tiene recurrir al endeudamiento “ad aeternum” para poder sobrevivir en ese reino paradisíaco del consumo y la tontera mediática, que algunos siúticos todavía llaman Chile.

 Tomás Moulián en su libro “Chile actual: anatomía de un mito” (Santiago, 2002, ed. LOM) afirma que el consumo y su extremo el consumismo, cumplen un doble fin: “…como mecanismo de domesticación; como destacado y sutil dispositivo de dominación y como conexión con el placer…” (op. cit., pag. 105).  El crédito entonces fue instalado desde los tiempos de la perversidad dictatorial y a través de 30 años de machaconeo mediático y comercial, como la llave de acceso, como el password de ingreso a esos bienes de consumo y servicios atractivos, sin los cuales te quedas fuera de la modernidad.

 ¿Son o somos hoy los chilenos más felices o son en su mayoría unos infelices no reconocidos?

 Si la pulsión es un impulso provocado ante una excitación y una tensión corporal, tensión que tiende hacia diversos objetos y que nunca queda satisfecha completamente, entonces este neoliberalismo de casino y de catástrofe, usa y activa la pulsión consumidora de los individuos, mediante la excitación mediática y colorida de las ofertas, las liquidaciones, las gangas y las rebajas para producir y multiplicar el deseo de comprar y seguir comprando, no importa que te endeudes hasta las manijas a 36, 42 o 54 meses plazo, porque el futuro está muy lejos y solo importa el presente.

 Todos enfermos de consumo entonces, pudiera ser el diagnóstico clínico de esta sociedad.

 El plasma pantalla plana que te hará ver el lujo extranjero que nunca tendrás, el televisor que te permitirá embrutecerte de futbol y de realitys estúpidos, el automóvil que tendrás que pagar en incómodas cuotas hasta que sudes bencina de 93 octanos, la plata que necesitas para pagar el dinero que te sirve para cancelar la cuota atrasada que te sirve para pagar la deuda que te sirve para salirte del Dicom que te sirve para seguir usando la tarjeta que te sirve para demostrar que eres solvente que te sirve para tener esos cuantos billetes en el bolsillo que te sirven para dar testimonio que “eris un gueón con plata … ¿cachai?”… así funciona la mecánica real y demoledora del crédito y del consumo en este orden  económico irracional.

 Mientras tanto, en el altar neoliberal de la economía crediticia y ultraconsumidora (es decir, en el mall), los que tienen más consumen tranquilamente para mantener su estatus de ABC 1, y los que tienen menos consumen desenfrenadamente para aparentar que son ABC 1, pero sabiendo íntimamente que, al final del camino, tendrán que pagar cuotas interminables con sus sueldos terminables.

 Sin embargo, todo este tinglado financiero-comercial puede venirse abajo, porque la pulsión consumidora puede transformarse en esquizofrenia crediticia.

 Sucede entonces que el sistema neoliberal se miente a sí mismo, se cuenta cuentos contables, relatos que cada vez menos creen.  El problema se nos presenta cuanto el derroche de pulsiones consumidoras se transforma en una estafa crediticia, cuando empresas legalmente constituidas, con directorios bien aceitados y gerentes sin escrúpulos, son capaces de montar una martingala telefónica e informática para repactar cientos de miles de deudas individuales, para hacerlas aparecer en los libros de contabilidad como casos resueltos.

 El problema además, es que si una tienda comercial como La Polar hace uso intensivo y compulsivo de esta formula fraudulenta para ganarle a sus competidores (Ripley, Corona, DIN, Falabella y otras) y presentar como ganancias contables lo que son en realidad pérdidas monetarias, nadie puede garantizar que las demás multitiendas (como sucedió con las cadenas de farmacias…) no hayan practicado el mismo mecanismo de robo no controlado a sus cientos de miles de clientes, generando en consecuencia un forado impredecible en el sistema financiero y bancario de este país.

 Aquí se ha perdido el crédito y la confianza.

 Ahora podemos entender lo que significa en realidad “la mano invisible” del mercado, de la que hablaba Adam Smith: mientras compras y pactas y repactas y repactas y repactas tus infinitas cuotas de deuda, una mano invisible te roba del bolsillo billete tras billete…en la forma de intereses, margenes de utilidad, repactaciones y otras maniobras…contables…

 El propio sistema financiero neoliberal y mal regulado ha quedado al desnudo, mostrando sus partes pudendas de estafas colectivas, repactaciones fraudulentas y ejercicios contables falseados.

 El negocio era demasiado bueno para que las demás tiendas competidoras hayan dejado solo a La Polar hacerse sola con el botín de tantos y tantos clientes repactados, renegociados y en definitiva estafados.

 Sí hemos pasado en una semana, de la apología publicitaria a la pulsión compradora (¿se fijaron que desaparecieron todos los avisos publicitarios de La Polar en la televisión?) a la vergüenza de la estafa crediticia.

 Y el gobierno, con esa impericia y exceso de improvisación que le caracteriza, trata de “salvar los muebles” del incendio bursátil y comercial usando fuertes adjetivos verbales para condenar los hechos consumados,  pero sin tomar ninguna medida efectiva para proteger a los clientes desprotegidos (ojo que los afectados son casi 500.000 ciudadanos…perdón, votantes…), ningún proyecto de ley que salga al Congreso para imponer regulaciones más enérgicas y eficaces a la industria del retail (ahora convertida nada más que un número limitado de mercachifles ladronzuelos…), en ese reino paradisíaco del consumo y la tontera mediática, que algunos siúticos todavía llaman Chile…

 Punta Arenas – Magallanes (Patagonia sin represas), 21 de junio de 2011.-

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